La intervención del divulgador, que se extendió por cerca de 45 minutos, se alejó de los elogios habituales para ofrecer una visión directa y, por momentos, cruda sobre la situación global del vino. Subrayó que los desafíos actuales son más significativos de lo que se percibe, y que las soluciones locales deben enmarcarse en una transformación más amplia del consumo, la producción y la clasificación de los vinos.
El experto hizo hincapié en que las cifras internacionales reflejan un cambio sustancial desde hace más de una década. Mencionó que el Organismo Internacional de la Viña y el Vino (OIV) está reconsiderando categorías tradicionales como blanco, tinto o rosado, avanzando hacia nuevas denominaciones como vinos tranquilos y espumosos.
“"El problema que viene es más gordo de lo que pensamos."
Uno de los fenómenos más relevantes es el desplazamiento del consumo global, donde el vino tinto pierde su hegemonía en favor del blanco. Para ilustrar esta tendencia, el divulgador recordó que en los años 60 más de la mitad del vino producido en España era blanco, y que incluso en Burdeos, un referente del tinto, el 60% de la producción de aquella época correspondía a vinos blancos. También contextualizó el auge del rosado como una estrategia impulsada por los grandes productores internacionales.
A pesar de la seriedad del análisis, el pregón incluyó un momento de humor cuando el experto confesó que inicialmente había pensado en cobrar su peso en vino, una idea que su esposa le desaconsejó. Finalmente, solicitó dos botellas de cada una de las ocho bodegas presentes en la Mostra como honorarios, una petición que fue recibida con aplausos.




