Un joven de Boiro mantiene viva la tradición del toque de campanas en A Coruña

Un estudiante de Terapia Ocupacional dedica su tiempo libre a hacer sonar las campanas de varias iglesias de la ciudad herculina de forma altruista.

Imagen genérica de una campana de iglesia antigua.
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Imagen genérica de una campana de iglesia antigua.

Un joven de 19 años, natural de Boiro y estudiante en A Coruña, se dedica de forma altruista a mantener viva la tradición del toque manual de campanas en diversas iglesias de la ciudad, una pasión que cultiva desde la infancia.

La tradición del toque de campanas resuena con fuerza en A Coruña gracias a la dedicación de un joven de 19 años, originario de Boiro. Mientras cursa sus estudios de Terapia Ocupacional en la ciudad herculina, invierte su tiempo libre en su gran pasión: hacer sonar las campanas de las iglesias. Este oficio, que aprendió de forma autodidacta, ya lo ha ejercido en más de 60 parroquias gallegas.
Su fascinación por las campanas comenzó a una edad temprana. Desde que tiene uso de razón, recuerda que siempre le gustaron, y sus padres le ponían vídeos de campanas en YouTube. A los dos años tuvo su primera experiencia práctica con su abuelo, y a los tres ya le permitían tirar de las cuerdas durante la temporada de difuntos. Con solo siete años, su afición se convirtió en una práctica más seria, subiendo por primera vez al campanario de una parroquia en Boiro, Santiago de Lampón, donde tocaba la campana pequeña.

"Yo no pido nada nunca, lo hago de manera altruista y realmente porque me gusta."

un campanero
Desde su llegada a A Coruña para comenzar la universidad, el joven contactó con párrocos locales para ofrecer su ayuda. Su labor fue bien recibida, al considerarse un servicio que dignifica las actividades de la iglesia. Actualmente, su toque de campanas es habitual en iglesias emblemáticas de la ciudad como la Colegiata, Santa María de Oza, San Jorge, San Nicolás y Santiago. También colabora en ocasiones especiales en San Vicente del Viña, Santa Lucía y Santo Domingo.
El joven domina los distintos toques que marcan la vida litúrgica y social. Para los días de fiesta, existe el “repenique”, un toque muy rápido con ritmo. Las llamadas a misa se anuncian con una serie de campanadas, cuyo número varía según el lugar. El toque de difuntos, en cambio, es mucho más pausado y solemne, distinguiendo si el fallecido es hombre o mujer usando la campana grande o la pequeña, respectivamente.
Para él, esta dedicación es un pasatiempo que realiza de forma completamente altruista. Agradece los detalles que a veces le ofrecen, como una tarta o unos bombones, pero su única motivación es la pasión que siente. Compara esta afición con la dedicación de quien practica un deporte de manera constante y profesional, convirtiéndose en el guardián de los sonidos de la ciudad.