El mes de mayo marca el inicio de una nueva temporada de bodas que refleja una clara evolución respecto a la última década. Las parejas buscan ahora eventos que se adapten a su personalidad, dejando atrás ceremonias rígidas y banquetes interminables.
“"Ya no se trata tanto de hacer una boda, sino de crear algo que tenga sentido para la pareja, que se pueda vivir con los cinco sentidos."
Uno de los cambios más notables se observa en los lugares de celebración. Los restaurantes tradicionales pierden terreno frente a espacios más exclusivos como pazos, bodegas o fincas privadas, que ofrecen mayor libertad para diseñar eventos a medida. Esta tendencia responde a la búsqueda de exclusividad y a la necesidad de evitar lugares donde ya se han celebrado bodas de familiares o amigos.
Además, la temporada de bodas se extiende más allá de los meses de verano, con cada vez más celebraciones en octubre, noviembre o abril, e incluso durante el invierno. Aunque el factor meteorológico sigue siendo una consideración importante en Galicia, la disponibilidad de espacios y la búsqueda de propuestas diferentes impulsan esta ampliación del calendario.
El formato del banquete también ha evolucionado. El cóctel gana protagonismo frente al menú tradicional en mesa, priorizando la animación, la música y la decoración. Muchas parejas optan por cócteles largos con estaciones de comida y servicios más reducidos en mesa, buscando que los invitados vivan una experiencia interactiva con showcookings, pulpeiros o mesas temáticas.
“"Se está dejando de lado ese banquete largo e interminable en el que te pasabas prácticamente toda la boda sentado."
La tendencia actual también incluye una reducción en el número de invitados, lo que permite una mayor inversión por persona y una priorización de la calidad frente a la cantidad. El coste medio por comensal ronda los 180 euros, y una boda de cien personas puede superar los 40.000 euros. Los detalles también han cambiado, sustituyendo los regalos clásicos por experiencias, donaciones o recuerdos personalizados.
Este cambio de mentalidad refleja una mayor flexibilidad en el horario, el número de invitados y el desarrollo del evento. Las bodas actuales son más personalizadas, experienciales y menos rígidas, adaptándose a las parejas en lugar de que estas se adapten al espacio. En la provincia de Pontevedra, cerca del 90% de los matrimonios ya son civiles, según el Instituto Galego de Estatística, lo que subraya esta transformación en la forma de entender el enlace.




