La prueba, que este año estrenó un formato de cinco etapas y un cambio de fechas, llenó las carreteras de Galicia de aficionados durante una semana de intensa competición. Los ciclistas arrancaron en A Coruña con una contrarreloj individual y terminaron, con mucho esfuerzo, en el desafiante Monte Trega.
El Monte Trega, conocido por su final explosivo, no destaca por su longitud, ya que la subida no alcanza los cinco kilómetros, pero sí por su carretera sinuosa y el considerable desnivel que se salva con respecto al mar, lo que añade espectacularidad a la etapa. Un tramo clave fue el Vía Crucis, un sector de pavés en ascenso a escasos trescientos metros de la meta.
“"Desde que arrancamos, todo fue bueno. La etapa reina fue una película de Spielberg, y lo del Monte Trega me emocionó, parecía que estábamos en el Tour de Flandes."
La etapa final en A Guarda fue decisiva y no defraudó. Con los corredores con la gasolina justa tras las dos subidas previas al Alto da Valga, los cuatro principales animadores de la carrera de este año se pusieron a la cabeza. Entre ellos, Iván Romeo, Jørgen Nordhagen, Adam Yates y Alessandro Pinarello, que lucharon por el triunfo.
El ciclista británico Adam Yates, del equipo UAE, hizo valer su experiencia y superioridad para mantener el pulso a los más jóvenes y cruzar la meta en tercera posición, un resultado que le sirvió para vestir el maillot de líder y agrandar la leyenda de una competición que ya han ganado referentes mundiales como Alejandro Valverde o Jonas Vingegaard.
La provincia de Pontevedra demostró una vez más su amor por el ciclismo, con multitud de aficionados en las cunetas durante toda la etapa, especialmente en el Alto da Valga, a la entrada de A Guarda y en el tramo del Vía Crucis. El cambio de fechas de la carrera, de febrero a abril, resultó un éxito, mejorando las condiciones meteorológicas, y las cinco etapas añadieron un mayor nivel a la prueba.




