Desde el derrumbe registrado el pasado 4 de febrero, no se han adoptado medidas concretas para proteger o restaurar este enclave de alto valor ecológico. La asociación ecologista ZOA alerta de que la duna ha perdido por completo su frente primario y ha sufrido daños significativos en su estructura secundaria, lo que la deja en una situación de extrema fragilidad.
“"El riesgo ya había sido advertido en múltiples ocasiones y estaba vinculado a la instalación de un cerramiento destinado a impedir el acceso de animales en una playa habilitada como espacio canino. Esta intervención era incompatible con la dinámica natural del sistema dunar."
Según el colectivo, la actuación posterior al derrumbe tampoco ha resultado eficaz. El nuevo vallado instalado, aunque más respetuoso con el entorno, no impide el acceso de perros, lo que evidencia la dificultad de compatibilizar el uso recreativo como playa canina con la conservación ambiental. A esto se suma la falta de actuaciones básicas, ya que los restos del antiguo cerramiento continúan sobre la duna y no consta la realización de un informe técnico que evalúe el estado del sistema ni determine las medidas necesarias para su recuperación.
La asociación asegura haber remitido varios escritos a las administraciones local, autonómica y estatal solicitando una intervención urgente, sin haber recibido respuesta. Coincidiendo con el tercer mes desde el colapso, ha presentado un nuevo requerimiento para reclamar actuaciones inmediatas. Mientras tanto, el deterioro continúa, y los expertos advierten que la degradación de los sistemas dunares, que cumplen una función clave como barrera natural frente a la erosión costera y los efectos del cambio climático, puede tener consecuencias difíciles de revertir si no se actúa a tiempo.




