El presidente de la Asociación de Empresarios de Transportes Discrecionales (Tradime) en Lugo, José Fernández, achaca la carencia de profesionales a un factor sociológico, más allá de lo económico. "A esta profesión no se le da el valor que tiene. Muchos otros sectores, como la alimentación o la sanidad, se sustentan en nosotros", señala Fernández, quien también es camionero.
Fernández reconoce que las condiciones de trabajo influyen, pero también se aprecian en otras profesiones como electricistas o carpinteros, lo que sugiere "problemas más profundos que la economía". Critica que el "desprestigio" de esta profesión durante años es un factor clave en la falta de mano de obra actual, un tema que, según él, "no se aborda porque significaría admitir que nos equivocamos durante años".
Durante la pandemia, muchos conductores sintieron que su profesión era esencial, "ojalá no terminase", llegaron a decir, ya que podían "circular libremente" mientras otros sectores tenían restricciones. Ahora, la situación ha vuelto a la normalidad con "retrasos continuos" en la recogida de mercancías.
La falta de transportistas, sobre todo para trayectos internacionales, es un problema global que también afecta a Estados Unidos. Iván Marrube, CEO de Reyco, una de las empresas de transporte más importantes de Galicia con sedes en Foz, Valencia e Irún, advierte que "si no cambia la situación, vamos hacia el abismo".
Marrube explica que la falta de atractivo del sector, similar a la que sufren los camareros, dificulta la contratación. "Es un trabajo muy sacrificado", comenta, especialmente para largas distancias. Reyco, con 300 transportistas, se encuentra cubierta por ahora, con mayoría de profesionales de Rumanía, Bulgaria, Perú y Marruecos, y no descartan buscar personal en sus países de origen. Los salarios, con dietas, pueden oscilar entre 40.000 y 45.000 euros anuales.
El presidente de Tradime también critica la "falta de accesibilidad" a la profesión, ya que "no hay una FP" para obtener el carné y la formación necesaria, y los plazos para el examen del permiso de tráiler pueden llegar "hasta los seis meses". Además, la falta de "lugares seguros para dormir" obliga a muchos a "quedarse en áreas de servicio o incluso en cunetas", lo que también influye en la masculinización del sector, más presente en Galicia que en países como Alemania o Francia.
A pesar de los inconvenientes, hay jóvenes como Alberto García Lijó, de 26 años, que ven el transporte como una opción laboral. Tras trabajar en mecánica naval y automoción, está a punto de obtener el CAP y el permiso C+E. "No creo en un puesto de trabajo fijo y quiero tener abierta la puerta para ser camionero", afirma, notando la "gran demanda" y "ofertas con muy buenas condiciones" incluso antes de terminar la formación. La necesidad de profesionales se extiende a la asistencia en carretera y al transporte de mercancías para obras.
García Lijó también señala que algunas empresas dificultan el "relevo generacional" al "pedir experiencia previa para entrar a trabajar", algo complicado para los que quieren empezar.
Por su parte, conductores como Luis Carnota, camionero y perito especializado en tacógrafos, denuncian que "prácticamente ninguna empresa cumple la normativa laboral". "Es imposible que entre gente nueva si los que estamos nos queremos ir", afirma. Según Carnota, los conductores trabajan "una media de 15 horas diarias" por salarios que no compensan festivos, nocturnidad ni horas extra. Apela a que las empresas y los cargadores "adapten sus tarifas a la realidad" y cumplan la ley.
Carnota también critica que ciertas empresas "pagan por kilómetro", lo que "pone en riesgo la vida del conductor" al incentivar una conducción "descontrolada" y sin descanso para poder ganar dinero.




