Las bibliotecas de Pontevedra, termómetro del estrés académico en época de exámenes

La Biblioteca Pública de Pontevedra Antonio Odriozola y la del campus universitario llenan sus salas ante la proximidad de la PAU y los exámenes finales.

Imagen genérica de una biblioteca con estanterías de madera y sillas vacías.
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Imagen genérica de una biblioteca con estanterías de madera y sillas vacías.

Las bibliotecas de Pontevedra, incluyendo la Biblioteca Pública Antonio Odriozola y la del campus, experimentan un notable aumento de usuarios con la llegada de los exámenes finales y la PAU, convirtiéndose en puntos clave para el estudio.

Con el inicio de mayo, las bibliotecas de Pontevedra transforman su ambiente tranquilo en un espacio de intensa actividad, reflejando el estrés colectivo asociado a la preparación de los exámenes finales y la PAU. Este fenómeno se traduce en salas de estudio completamente llenas, horarios extendidos y una rutina diaria marcada por la concentración en los apuntes.
En la Biblioteca Pública de Pontevedra Antonio Odriozola, la situación es evidente: los asientos libres son escasos y el silencio es casi absoluto. La imagen de estudiantes inmersos en sus libros y ordenadores se repite cada primavera. Una trabajadora del centro confirmó el incremento significativo de la afluencia, observando que todas las mesas están ocupadas en la planta de estudio.

"Ver a todo el mundo estudiando me mete presión para hacerlo yo también."

una estudiante de Dietética
A pocos minutos, la biblioteca del campus universitario, con 340 plazas, funciona como un desahogo para universitarios, opositores y alumnos de ciclos. A pesar de su capacidad, la presión también comienza a sentirse. Los estudiantes adoptan diversas estrategias, desde organizar el día en función del transporte hasta buscar un ambiente que fomente la concentración y minimice las distracciones.

"Ir a la biblioteca me obliga a levantarme, salir de casa y socializar un poco, que en una oposición es muy importante."

un opositor a profesor de primaria
El aumento de la demanda también genera nuevas dinámicas, como la necesidad de llegar temprano para asegurar un buen sitio. Un opositor a policía señaló que la afluencia es mucho mayor durante los periodos de exámenes, mientras que otro opositor a profesor de historia de secundaria mencionó picos en diciembre y enero, pero destacó que abril y mayo son los meses de mayor ocupación.
Aunque el objetivo principal es el estudio, las bibliotecas también se convierten en espacios de socialización. Una opositora a profesora de infantil comentó que, tras coincidir con la misma gente, formaron un grupo para estudiar juntas, valorando la posibilidad de hablar en los descansos. Otro estudiante destacó que ver a otros estudiar lo motiva y que ir con amigos lo ayuda a organizarse.
La ampliación de horarios es una medida para gestionar la demanda, pero su eficacia varía. En Pontevedra, el uso nocturno es reducido, con pocas personas a partir de las diez de la noche, según la directora del servicio. Sin embargo, la ocupación se dispara durante los fines de semana. Esta tendencia contrasta con ciudades universitarias como Santiago de Compostela, donde las salas de estudio mantienen una alta ocupación incluso de madrugada. Algunos usuarios expresaron preocupación por la seguridad de la zona durante la noche, lo que los lleva a optar por otras alternativas.
Más allá de los picos de exámenes, algunos usuarios señalan la falta de espacios suficientes. Un opositor resumió la situación indicando que, más que la falta de espacio en una biblioteca, lo que se necesita es un mayor número de bibliotecas en la ciudad. Mientras tanto, la del campus se consolida como la principal opción frente a otras más pequeñas o con horarios más limitados. Así, en Pontevedra, las bibliotecas se convierten en una necesidad fundamental cuando se acercan los exámenes.