Lo que antes se consideraba una opción para ocasiones especiales o un nicho de mercado, hoy forma parte integral de la oferta de ocio de la ciudad. Esta evolución se manifiesta en una carta más amplia, que combina cócteles tradicionales con creaciones vanguardistas, y en una clientela cada vez más dispuesta a explorar nuevos sabores.
El perfil del consumidor también se ha transformado. Aunque los cócteles siguen siendo apreciados por diversas generaciones, son los más jóvenes quienes están impulsando esta cultura, demandando elaboraciones más creativas y experiencias únicas en cada consumición.
“"Resulta complicado señalar un único cóctel estrella, ya que todos se venden."
Locales como Hama Bar destacan por su extensa oferta, con hasta 45 cócteles disponibles, buscando satisfacer todos los gustos. Uno de los más solicitados es el Bourbon Beer, una mezcla de azúcar especiado con canela y pimienta, bourbon y refresco de jengibre natural. Otros establecimientos, como Coctel Bar La Gramola, apuestan por los clásicos como mojitos y daiquiris de fresa, pero con un enfoque personalizado, adaptándose a las preferencias del cliente y empleando fruta de temporada.
En Sopa de Gallo, el equilibrio es fundamental. Su propietario y bar manager señala que no hay un cóctel que sobresalga claramente, lo que indica una carta bien diseñada y variada. Después de una etapa inicial más centrada en la coctelería de autor, han evolucionado hacia un modelo híbrido que combina clásicos bien ejecutados con creaciones propias. Además, la demanda de cócteles sin alcohol, o mocktails, también ha experimentado un notable crecimiento, con propuestas cada vez más elaboradas y creativas.




