El nombramiento de Antón Castro como ganador del Premio Pontevedreses da Cultura supone un reconocimiento a su dilatada trayectoria y a su profundo vínculo con la ciudad de Pontevedra, donde reside desde hace cincuenta años, a pesar de ser originario de la Costa da Morte. Castro, quien también es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte de París, expresó su profunda alegría y agradecimiento por este galardón, que llega en una etapa madura de su vida y que considera un reconocimiento tanto del Diario como del jurado, representando la voluntad de los pontevedreses.
Este premio coincide con un año significativo para Castro, quien recientemente comisarió la Bienal de Arte de Pontevedra junto a Antón Sobral. El catedrático destacó la importancia histórica y artística de Pontevedra, señalando que la ciudad ha sido un importante impulsor del arte desde el siglo XIX, gracias a iniciativas como las pensiones artísticas creadas por la Diputación, que permitieron a muchos creadores formarse internacionalmente. La Bienal, según Castro, es un hito que consolida la identidad cultural de la ciudad y su proyección exterior.
La relación de Antón Castro con Pontevedra también se extiende a su participación en la fundación de la Escola de Canteiros a finales de los setenta, un proyecto que buscaba poner en valor la tradición de la piedra y el granito gallego, un sector clave tanto a nivel económico como etnográfico. Esta conexión con la piedra llevó a la creación de la Illa das Esculturas, un proyecto que Castro considera su gran legado y que describe como "redescubrir un espacio para existir".
La Illa das Esculturas nació de una visión de integrar el río en la vida urbana, inspirada en experiencias europeas. Castro narra la anécdota de cómo, tras una peligrosa persecución de su perro, descubrió el espacio y sintió una revelación similar a la de Hernán Cortés al encontrar Tenochtitlán. El proyecto, impulsado por el entonces alcalde Juan Luis Pedrosa y Pilar Rojo, trajo a Pontevedra a reconocidos artistas internacionales. Castro lamenta que el proyecto esté inconcluso y desea completarlo hasta las 25 esculturas.
Sobre la relación actual de Pontevedra con el arte, Castro sugiere la necesidad de que organismos como la Facultad de las Artes tengan una mayor incidencia en la ciudad, criticando que se ha convertido en un "resorte de funcionarios". La recuperación de la Bienal por parte de la Diputación es vista como un paso positivo, pero echa en falta una programación más contemporánea y la integración de la gente joven en una cultura activa.
La docencia ha sido otra faceta fundamental en la vida de Antón Castro, con 47 años de experiencia impartiendo clases en diversos países. Su mayor recompensa es la huella dejada en sus alumnos, como demuestra el encuentro con exalumnos tras más de cuarenta años. Actualmente, a pesar de estar jubilado, mantiene una intensa actividad, trabajando en el Museo de Arte Contemporáneo de Suzhou, en China, con una exposición sobre el arte como resistencia.
Aunque ha rechazado proyectos en Galicia debido a "problemas" relacionados con el nombramiento en el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC), Castro todavía tiene en mente un proyecto pendiente: una intervención artística en la zona de la Virxe da Barca, en Muxía, su localidad natal, frente al mar. Este proyecto, inspirado también por la dedicatoria de García Lorca a la Virxe da Barca, se encuentra sin financiación.




