La movilización, que recorrió las principales calles comerciales de la ciudad de Pontevedra, evidenció el malestar generalizado entre los trabajadores. La protesta no se limitó a una empresa específica, sino que representó a todo el comercio textil y de calzado de la provincia, uniéndose en una lucha colectiva por la dignidad laboral.
“"Llevamos peleando muchísimos años por nuestros derechos y nos los quieren quitar de un plumazo."
Los convocantes de la marcha subrayaron que el conflicto ha trascendido las tiendas individuales, convirtiéndose en una batalla por la supervivencia en un ámbito que se siente desatendido. La negociación del convenio estatal, que se está llevando a cabo en Madrid, es percibida como una amenaza directa para el futuro de los empleados del sector.
Entre las principales preocupaciones de los trabajadores se encuentra la propuesta de congelar los salarios durante las próximas dos décadas, lo que supondría una pérdida constante de poder adquisitivo. Además, denuncian la intención de recortar permisos retribuidos y aumentar la carga horaria sin una compensación adecuada, lo que consideran un retroceso histórico en sus condiciones laborales.
La manifestación tuvo un impacto notable en el centro de la ciudad, generando complicidad entre los viandantes. La incertidumbre sobre el resultado de las reuniones en la capital mantiene al colectivo en alerta, advirtiendo que, de no haber una contraoferta satisfactoria o un cambio en la actitud de la patronal, el calendario de protestas se intensificará.




