La oportunidad de presenciar un eclipse total de sol en la ciudad era única, y sus habitantes no quisieron desaprovecharla. La expectación era máxima, anticipada por el frenético ritmo de venta de gafas especiales, agotadas en muchas farmacias ya el día anterior. La llegada de la tarde marcó el inicio del oscurecimiento progresivo del cielo, momento en el que los espectadores se pusieron sus visores para disfrutar del evento con seguridad.
El momento culminante se produjo a las 20:30 horas, cuando la Luna eclipsó completamente al Sol, sumiendo a la ciudad en una penumbra inusual. La magnitud del evento fue tal que no solo el astro rey se vio afectado, sino también la propia vida urbana, que se detuvo ante la magnitud del fenómeno.
Numerosos puntos de la ciudad se convirtieron en miradores improvisados. Mientras muchos optaron por disfrutar del instante desde el emblemático Ponte Romano, otros se desplazaron hasta Montealegre. Este último enclave se llenó de toallas, sillas, sombrillas e incluso telescopios, testimonio del deseo colectivo de vivir y recordar un momento que, sin duda, será comentado durante décadas.




