El análisis demográfico de Ourense revela una tendencia preocupante: mientras la población total mantiene un peso aparente del 11,3% en Galicia, esta estabilidad es ilusoria. En las cohortes más jóvenes, como la de 0 a 4 años, la provincia apenas representa el 9,5% de la población gallega, y este porcentaje disminuye progresivamente en las generaciones siguientes.
Esta dinámica no se debe únicamente a la baja natalidad, sino también a la emigración juvenil y a la falta de relevo generacional. Cada persona joven que se marcha no solo deja un hueco, sino que también elimina las posibilidades de futuras generaciones. La base de la pirámide demográfica, lejos de caer, se desmorona, mientras que las generaciones de edad media, formadas en otra realidad, actúan como la última línea de defensa.
La situación se invierte en las edades avanzadas. A partir de los 65 años, Ourense está sobrerrepresentada, superando el 12% en las edades de 70-74 años y acercándose al 16% en los mayores de 85. La provincia se concentra en la población más mayor, perdiendo peso en la más joven, especializándose en un "nicho" de acumulación de años, como reflejan las escuelas transformadas en centros de mayores.
Lo que se observa no es solo un envejecimiento, sino una pérdida de equilibrio estructural. La base es estrecha, el centro se afloja y la cima crece, convirtiendo la pirámide en una figura inestable, sostenida más por inercia que por equilibrio. Esta tendencia, si no hay cambios significativos, continuará, reduciendo el peso de Ourense en Galicia y agravando la descompensación interna.
La visión a largo plazo es crucial, ya que la demografía no se ajusta a los calendarios electorales. La falta de mirada larga y responsabilidad intergeneracional conduce a una situación donde la provincia crece hacia arriba y mengua hacia abajo, como un árbol sin raíces ante el viento.




