Una reciente investigación impulsada por la asociación Amigas de la Tierra y la Universidad Politécnica de Madrid revela que 81.000 ourensanos, casi el 80% de la población del municipio, no disponen de una gran zona verde (superior a 1 hectárea) a menos de trescientos metros de su casa. Además, el acceso a estos espacios naturales está condicionado por la renta, convirtiendo el derecho a la naturaleza en un lujo.
Los resultados sitúan a Ourense entre las tres ciudades con peor cobertura de zonas verdes. El estudio califica los espacios públicos de la ciudad de "poco renaturalizados", con barreras físicas y discontinuidades urbanas que dificultan el acceso, especialmente para los residentes en la periferia. Solo un 9% del suelo residencial de la ciudad presenta cobertura vegetal en sus inmediaciones.
La superficie verde por habitante en Ourense es de 4,59 m², una cifra significativamente inferior a la media española (14,15 m²) y a la de Santiago de Compostela (27,35 m²). La infraestructura verde principal, articulada alrededor del río Miño, se encuentra fragmentada por vías de comunicación como la N-120.
El informe identifica áreas prioritarias que requieren mayor dotación de zonas verdes, como O Vinteún, un barrio periférico con bajas rentas y acceso limitado; O Couto, una zona densa dificultada por la edificación; San Francisco, con alta ocupación del suelo y escasos espacios libres; y A Carballeira, cerca del centro pero atrapada entre vías de alta capacidad.
El estudio subraya que la naturaleza urbana no es un mero ornamento, sino un proveedor de servicios esenciales. Estos incluyen la mejora de la salud física (reducción de la presión arterial), de la salud mental (disminución de la ansiedad y mejora cognitiva) y la adaptación climática (reducción de la contaminación y protección frente a eventos extremos).




