En los entornos rurales, la farmacia se convierte a menudo en el primer punto de contacto sanitario, una realidad que Menchu Baladrón Segura, farmacéutica comunitaria en San Cibrao das Viñas y secretaria de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Farmacéuticos (COF) de Ourense, conoce de primera mano. En una provincia donde el 30% de la población supera los 65 años, la labor del farmacéutico trasciende la simple dispensación de medicamentos.
A través de iniciativas como las “Escuelas Rurales de Salud”, Baladrón aborda desafíos como las barreras digitales y la polimedicación en mayores. Reivindica el papel de la farmacia como agente social indispensable en la educación sanitaria y en la lucha contra la soledad, convirtiéndose en puntos de máxima confianza para los pacientes.
La confianza del paciente en la farmacia comunitaria ha mejorado notablemente, reconociendo a los farmacéuticos como profesionales sanitarios de proximidad, accesibles y fiables. Esta percepción, especialmente fuerte en el medio rural, se consolida por la capilaridad del sistema farmacéutico y por el papel esencial que jugó la farmacia durante la pandemia de COVID-19, manteniendo las puertas abiertas y ofreciendo apoyo en un momento de incertidumbre.
El programa “Escuelas Rurales de Salud”, promovido por el Consejo General de Colegios Farmacéuticos y secundado por el COF de Ourense, imparte formación sanitaria a pacientes mayores vulnerables y cuidadores en cuatro farmacias de la provincia. El objetivo es reforzar la atención sociosanitaria de proximidad y la educación sanitaria.
Las sesiones han recibido una acogida muy positiva, valorándose el tiempo dedicado a explicar cuestiones como la correcta medición de la tensión, las interacciones entre medicamentos o la dificultad en el uso de aplicaciones sanitarias y la tarjeta sanitaria electrónica. También se aborda la formación digital, un área donde muchos mayores presentan dificultades.
Las principales barreras de salud identificadas en estos pacientes incluyen la gestión de tratamientos complejos, la polimedicación, los olvidos de medicación y la interpretación de indicaciones médicas. Además, la farmacia juega un papel crucial en la detección temprana de señales de fragilidad o deterioro funcional.
A los cuidadores se les ofrece información sobre pacientes vulnerables, patologías frecuentes y tratamientos, pero también herramientas para organizar la medicación, reconocer señales de alerta y gestionar la carga del cuidado diario, bajo el lema “cuidar al que cuida”.
La farmacia rural fomenta el envejecimiento activo y saludable, incidiendo en la adherencia terapéutica, nutrición, prevención de caídas y uso adecuado de la medicación, promoviendo que los mayores participen activamente en su salud.
La farmacia, como espacio de confianza y punto sanitario más cercano, contribuye a combatir la soledad no deseada detectando situaciones de aislamiento y ofreciendo acompañamiento y atención cercana.
En cuanto a la educación sanitaria juvenil, Baladrón participa en programas dirigidos a estudiantes de ESO y Bachillerato para acercarles conocimientos sobre el uso responsable de medicamentos, principios activos, prospectos, riesgos de la automedicación y conservación de fármacos.
Respecto a la farmacovigilancia, se explica que los prospectos incluyen posibles reacciones adversas, y los farmacéuticos tienen procedimientos para notificar efectos secundarios a los sistemas de seguimiento, contribuyendo a la seguridad de los medicamentos sin alarmar innecesariamente a los pacientes.
La profesión farmacéutica avanza hacia un papel más activo en prevención, salud pública, seguimiento de crónicos y educación sanitaria. La consolidación de estos servicios y el acceso a herramientas digitales serán claves, especialmente en las farmacias rurales de la provincia de Ourense, donde el 30% de la población tiene más de 65 años.




