Para muchos, las seis de la mañana en Ourense, especialmente en invierno, es una hora en la que la ciudad aún no cobra vida. Las calles vacías y la niebla del Miño crean un ambiente de silencio que un empresario local aprovecha para establecer una rutina personal. Esta práctica, que lleva años cultivando, contrasta con sus primeras experiencias profesionales, cuando las seis de la mañana era la hora de acostarse después de largas noches de programación.
El cambio de hábitos no fue fruto de una revelación repentina, sino de una necesidad. El exceso de horas de trabajo lo llevó a tomar decisiones erróneas y a confundir la urgencia con la importancia, un error que considera costoso en la dirección de una empresa. Decidió entonces "darle la vuelta al reloj" no para trabajar más, sino para ganar un espacio personal antes de que las demandas del día a día lo absorbieran.
La energía con la que llegas a una reunión a las diez se decide a las seis. La calidad de una decisión estratégica depende, más de lo que nos gustaría admitir, de si has dormido bien, de si has movido el cuerpo, de si has tenido veinte minutos de silencio antes del ruido. No es misticismo. Es fisiología.
Desde entonces, las primeras horas del día son un tiempo dedicado a la lectura sin prisas, a la reflexión sin interrupciones y a la escritura. Esta columna, por ejemplo, se concibe en ese espacio de calma. El empresario reconoce el privilegio de poder elegir su horario, pero defiende la disciplina con el tiempo como una forma honesta de libertad, diferenciándola de la productividad obsesiva que a menudo se promueve.
La disciplina, según su visión, no busca optimizar cada minuto para producir más, sino proteger el día y establecer límites frente a las imposiciones externas. En una empresa con clientes internacionales y ciento treinta personas dependiendo de sus decisiones, esta frontera es crucial para evitar ser "devorado" por las exigencias. La ciudad de Ourense, con sus condiciones invernales, ayuda a fortalecer esta rutina, ya que mantener la disciplina aquí significa poder mantenerla en cualquier otro lugar.




