La comunidad gallega posee más de 30.000 entidades singulares de población, incluyendo aldeas, núcleos y diseminados. De estas, más de 27.000 cuentan con menos de 100 habitantes, y una parte significativa se encuentra prácticamente deshabitada. En Pontevedra, por ejemplo, hay 172 aldeas sin vecinos y 85 con un único residente. Esta realidad refleja la intensa dispersión y el envejecimiento de la población rural.
A pesar del reto demográfico, esta situación también genera oportunidades. Muchas de estas aldeas están disponibles para la venta, ofreciendo a compradores y emprendedores la posibilidad de restaurar viviendas tradicionales y revitalizar espacios que han permanecido casi deshabitados durante décadas. La comarca de Ferrolterra emerge como un punto clave en la compraventa de aldeas abandonadas en Galicia, mientras que Pontevedra también es un foco de interés, aunque con precios más elevados debido a la alta demanda.
“"Lugo “da mucho juego” por la cantidad, calidad y precios de las propiedades en venta, lo que convierte a esta provincia en su “puente principal” en la comunidad."
Sin embargo, Fafián señala que algunos compradores perciben Lugo como “muy interior” y “muy rural”, mencionando el estado de la red de carreteras como un factor. Por este motivo, los principales compradores en esta provincia son extranjeros “con pocos recursos”. Por el contrario, Pontevedra se considera actualmente “un lujo” para adquirir una aldea abandonada, con menor volumen de propiedades y precios más altos. Según Fafián, “no se están vendiendo” muchas propiedades allí.
Mientras que antes A Coruña y Vigo eran los principales mercados para estas operaciones, ahora Ferrolterra está repuntando, siendo “muy desconocida” pero con propiedades “muy bonitas y accesibles” frente al mar en localidades como Valdoviño y Cariño. Este crecimiento se atribuye a una estrategia de “publicidad” fuera de las fronteras gallegas.
Según el nomenclátor estadístico de Galicia del Instituto Galego de Estatística (IGE), con datos actualizados al 1 de enero de 2025, existen 1.960 entidades singulares (aldeas) con cero habitantes y 1.200 con un único vecino en toda la comunidad.
Regino Coca, CEO de Cocampo, un portal inmobiliario especializado en el rural, observa un cambio de tendencia. Cada vez es más común encontrar gente joven y “grupos de amigos urbanitas” buscando propiedades en el rural, ya sea para vivir o para el ocio. Este portal, fundado hace cuatro años, cuenta con cerca de 70.000 anuncios en toda España. Coca destaca que las agencias inmobiliarias, que antes no gestionaban este tipo de propiedades, ahora lo hacen debido a la creciente demanda.
El interés por el interior, y no solo por la costa, también está aumentando en Galicia. Las propiedades a la venta incluyen explotaciones agrarias, adquiridas principalmente por empresas, y “fincas de recreo” buscadas por familias, cada vez más jóvenes, y grupos de amigos. Estos últimos buscan “el disfrute sin el gran mantenimiento” que implica el rural. Coca enmarca este movimiento en la “idea de volver a vivir en el pueblo”, con un “repunte grande” tras la pandemia del coronavirus.
Para Elvira Fafián, también existe “un cambio social”. El perfil de los compradores de aldeas abandonadas ya no se limita a personas acomodadas o emigrantes retornados, sino que incluye población joven. Esto se debe a la falta de vivienda, a las subvenciones para restaurar propiedades, al aumento del teletrabajo y al deseo de “volver al rural”, donde la vida es más económica y se puede aspirar a una “casa más grande”. Galicia se presenta como una “zona muy barata” en comparación con otras regiones, como Cataluña, aunque Fafián advierte que “no todo el mundo encaja” en este estilo de vida.




