La ubicación considerada se situaba entre las vías de accesos a Galicia y el puente conocido como Ribeiriño. Este lugar, con una extensión estimada de entre 15.000 y 16.000 metros cuadrados, presentaba ventajas significativas. Los terrenos eran de propiedad municipal, lo que evitaría costes de adquisición para el Ayuntamiento, y su proximidad al centro de la ciudad, junto con la conexión a importantes viales, lo hacían atractivo.
Sin embargo, el proyecto también enfrentaba importantes inconvenientes. La zona, delimitada por carreteras y el parque de los Remedios, no permitiría futuras ampliaciones, lo que podría dejar la estación obsoleta en una década debido al crecimiento del parque automovilístico provincial. Además, la cercanía al río Miño y a áreas como el campo de los Remedios y el Pabellón de Deportes, podría generar serias dificultades de tráfico, especialmente en la conexión con la antigua calle General Franco.
La Estación de Autobuses está a la vista. Orense, entero, espera de ella una proyección de futuro, no un salir del paso.
La decisión final sobre el emplazamiento de la estación, que sería fruto de una colaboración entre el Ayuntamiento y el Ministerio de Obras Públicas, era esperada con expectación por la ciudadanía orensana, que veía en esta infraestructura una oportunidad para el futuro de la ciudad.




