La jornada festiva tuvo lugar ayer, 23 de abril, en la calle del Paseo y en otros puntos de la ciudad, atrayendo a un público mayoritariamente adulto y joven. Los libreros de la ciudad ofrecieron recomendaciones personalizadas, fomentando un activo intercambio con la ciudadanía.
Para dinamizar las ventas, se aplicó un descuento del 10% en todos los libros, además de obsequiar una flor y un marcapáginas con un código QR que facilitaba el acceso a sugerencias de lectura de varias librerías locales. Esta iniciativa contribuyó significativamente al éxito de la jornada.
“"Yo navego entre muchos autores. Los géneros que más me gustan son el ensayo y la fantasía. Me inclino por lecturas que me permiten aprender acerca de la vida o mi ámbito profesional. Aquí por ejemplo he encontrado libros de Brandon Sanderson, un autor que me fascina. Creo que estas iniciativas deberían existir llevarse a cabo al menos tres o cuatro veces al año."
Fuera del contexto de la feria, el 23 de abril representa el segundo momento del año con mayor inyección económica para el gremio de libreros. Una propietaria de una librería local destacó la importancia de sacar los libros a la calle e interactuar con el público para conocer sus preferencias.
“"Llevamos más de 30 años participando en esta iniciativa por el Día del Libro, y nos parece muy positivo sacar los libros a la calle, interactuar con el público, saber qué quiere leer la gente. Para este año tenemos marcapáginas, bolsas de regalo y una flor, con lo que asimilamos un poco el Día de San Jordi en Cataluña. A la larga se convierte en un día con unas ventas muy interesantes."
En cuanto a las preferencias lectoras, una representante de otra librería señaló que actualmente los lectores buscan títulos como Comerás flores de Lucía Solla, Oxígeno de Marta Jiménez y La península de las casas vacías de David Uclés. Por la tarde, la literatura infantil experimenta un repunte con la llegada de padres y niños.
Además de la calle del Paseo, otras librerías de la ciudad organizaron charlas literarias y ofrecieron obsequios como galletas y bizcochos. Una propietaria de una librería anticuaria, ubicada en la avenida de As Caldas, mencionó su esfuerzo por animar a los lectores a explorar más allá de las novedades y a buscar lecturas que representen un desafío.