El acceso a ciertas comodidades que antes se consideraban exclusivas de las clases más acomodadas, como tener una piscina propia, se está democratizando. En la provincia de Ourense, se construyen de media unas 260 piscinas cada año, concentrándose principalmente en las zonas periurbanas de la capital y municipios colindantes.
Un ejemplo claro de esta tendencia es Pereiro de Aguiar, que cuenta con 703 instalaciones de este tipo, triplicando la cifra de O Barco de Valdeorras (233). Alrededor del 20% de las 7.000 piscinas registradas en la provincia se instalaron después de la pandemia, un crecimiento acelerado por la expansión metropolitana post-confinamiento y las cada vez más frecuentes olas de calor.
A pesar de este auge en la construcción privada, la piscina termal de As Burgas, un punto emblemático de la ciudad, no ha experimentado avances durante este período, lo que se interpreta como un reflejo de la inacción política frente a la iniciativa de la sociedad civil.
La reducción de precios y tiempos de instalación, gracias a nuevos materiales como la fibra de vidrio y técnicas constructivas avanzadas, ha facilitado que empresas ofrezcan modelos diversos, permitiendo a los vecinos traer "el mar" a la puerta de sus casas en localidades como Cachamuíña o Castro de Beiro.




