El día que Cangas fue La Guayra

La historia de un emigrante en Cangas, que llegó a la localidad pontevedresa tras ser engañado por un falso agente de viajes.

Imagen genérica de un barco de pasaje cruzando la ría de Vigo hacia Cangas.
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Imagen genérica de un barco de pasaje cruzando la ría de Vigo hacia Cangas.

La historia de cómo un hombre llamado Pepe de Castelo llegó a Cangas tras ser engañado por un falso agente de viajes, encontrando finalmente trabajo y felicidad en la localidad pontevedresa.

La figura de Manolo, conocido por los niños como "El chulo del Parque", evoca a un hombre estirado y profesional del engaño que dejó una huella en Ourense. Su habilidad para robar sueños, como le hizo a Pepe de Castelo, es el hilo conductor de esta peculiar historia de emigración.
Tras un largo viaje de seis horas desde la montaña de Queixa, Pepe de Castelo llegó a la ciudad de Ourense, asombrado por la urbe y sus edificios en los años cincuenta. Fue entonces cuando, mirando el escaparate de una agencia de viajes, se le acercó un hombre bien trajeado que decía ser director de "Viajes América", especializada en emigración transatlántica.
El supuesto agente de viajes ofreció a Pepe un billete a Venezuela a un precio mucho más bajo que el de las demás agencias, prometiendo encargarse de todos los trámites y acompañarlo hasta Vigo. La invitación a comer en La Regidora y la estancia en una pensión de la calle del Progreso sellaron la confianza de Pepe en el hombre.
Con la documentación en regla y un sello en los papeles, Pepe embarcó rumbo al puerto de La Guaira, en Venezuela, donde supuestamente le esperaba un agente local. No imaginaba que el viaje duraría apenas media hora, el tiempo que tardaba el vapor de pasaje en cruzar la ría de Vigo hasta Cangas.
Al llegar al muelle de Cangas, no encontró a nadie excepto a un marinero conocido como Churruca. Este le ofreció trabajo en la Factoría Massó, que por aquel entonces estaba en auge en la industria ballenera. Pepe aceptó y se quedó para siempre en uno de los lugares que más cautivan de esta Galicia Única.
Hoy, jubilado y con noventa y pico años, Pepe de Castelo encuentra la felicidad en Cangas, pescando calamares y observando los barcos que cruzan la ría. Una vida que no cambiaría por ninguna otra, lejos de los engaños del pasado.