La región de O Eume se presenta como un espacio de aventuras imaginadas y de serenas estampas acuáticas, donde la historia de los Ártabros se entrelaza con el nacimiento silencioso de un río que brota de un bosque que parece encantado. Esta zona ofrece imágenes idílicas de gamelas flotando y playas tranquilas, que sirven de antesala a un recorrido de agua dulce, sobre el cual las aves vuelan y los árboles se reflejan.
La armonía entre el mar, la ría y el río vive momentos de esplendor, revelando una belleza ilimitada que alcanza su punto álgido en la sinfonía natural que emana del espacio protegido. Desde los puntos más altos de O Eume, se puede contemplar la asombrosa calma de su estuario, que se formó alrededor de su puente más antiguo.
Las vistas desde la ascendente cuesta del monte Breamo, la vieja y sinuosa carretera que conduce al antiguo monasterio, el puente medieval y el camino que bordea el estuario, ofrecen postales magníficas. Al sobrevolar la zona, se observa cómo el río se convierte en un elemento esencial del paisaje de Pontedeume, fluyendo con tranquilidad hacia el mar, mientras se percibe la magia del agua esmaltada que se desliza sobre la serenidad de la tierra.
Si se asciende por el río, navegándolo, se descubre un paisaje de agua danzarina que desciende del bosque encantado, aún digno de ser llamado así, buscando los múltiples tonos de verde del interior del valle. Es un camino serpenteante que conduce a un refugio natural deseado, la fraga más auténtica, que también forma parte de este territorio. Esta experiencia es una invitación a la fantasía, que incita a imaginar un mundo de gnomos, duendes y hadas, tal es la magia del lugar. Sobre este espacio, emerge el viejo monasterio, donde se esconden almas de niebla, nacidas de la leyenda de aquella negra sombra.




