La fiesta, declarada de Interés Turístico de Galicia, se remonta a 1985 y congrega a miles de personas para presenciar la aprehensión, juicio y sentencia de una criatura mitológica que, según la tradición local, habita en las profundidades del Cantábrico. Este evento anual convierte el litoral en un espacio donde la historia y la participación ciudadana se entrelazan.
El epicentro de esta singular celebración es San Cibrao, un pintoresco pueblo marinero situado en Cervo, al norte de la provincia de Lugo. La protagonista indiscutible es la Maruxaina, una sirena que, según la creencia popular, reside en un castillo submarino frente a la playa de O Torno. Desde 2006, una escultura moderna de esta figura mítica vigila el arenal, convirtiéndose en un símbolo distintivo del municipio.
“"La Maruxaina protagoniza una de las más remotas leyendas gallegas."
La festividad comienza con pasacalles, juegos populares y diversas actividades que se extienden hasta la madrugada. El momento álgido tiene lugar en la playa de O Torno, donde los vecinos, ataviados con vestimentas antiguas, se reúnen con velas y candiles para recoger simbólicamente a la sirena y someterla a un juicio público. Un tribunal popular examina las acciones atribuidas a la criatura marina a lo largo del año, con el público expectante ante el veredicto.
Si la Maruxaina es declarada culpable de los males del mar, se procede a su quema simbólica. Por el contrario, si resulta absuelta, se decreta fiesta hasta el amanecer. La tradición indica que el veredicto suele favorecer la celebración, garantizando la continuidad de la juerga hasta altas horas de la noche, culminando con un espectáculo de fuegos artificiales que cierra una jornada de teatro popular, tradición oral y convivencia vecinal.
La leyenda de la Maruxaina tiene sus raíces en la cultura gallega, describiéndola como una sirena que habita en un castillo submarino junto a Os Farallóns. Su naturaleza es ambigua: a veces ayuda a los marineros, pero otras los confunde con su canto, provocando naufragios. Esta dualidad se ha mantenido viva con sucesos como los naufragios del buque Castillo Moncada en 1945, el pesquero Marifran en los años 50 y el buque Carebeka VIII en 1982, que reforzaron la creencia en su poder.




