La salida de O Cereixal, en la A-6, se ha convertido en una auténtica ratonera para cientos de conductores en dirección Madrid. La combinación de obras de asfaltado, lluvia y el incremento del tráfico pesado ha provocado retenciones de hasta seis kilómetros y esperas de más de una hora, según testigos.
Los trabajos, que cierran un tramo de la calzada entre los kilómetros 455,5 y 432, obligan a los vehículos a abandonar la autovía y circular por la N-6, atravesando las travesías de Becerreá, As Nogais y Pedrafita, lo que genera grandes filas y lentitud.
El alcalde de Becerreá, Manuel Martínez, denunció la falta de información sobre unos trabajos que calificó de "despropósito" por ejecutarse en pleno agosto, lamentando que el Concello no pudiera adoptar medidas para aliviar la circulación en el casco urbano.
La asociación de empresarios de transporte de mercancías de Lugo, Tradime, a través de su presidente José Fernández, señala que los profesionales tardan "entre 30 y 45 minutos más de lo habitual" en este tramo, generando "cortes y pérdidas de tiempo continuas" e incluso pernoctas fuera de casa por retrasos en la entrega de mercancía.
Las obras de rehabilitación del firme en la A-6, con una inversión de 8,99 millones de euros, se prolongarán hasta el 3 de septiembre, coincidiendo con la operación retorno de finales de agosto, lo que augura más tensiones en la red viaria lucense.
Los problemas de comunicación por carretera en Lugo no se limitan a la A-6. La conexión con Santiago también sufre retrasos en la apertura del último tramo de la A-54, entre Arzúa y Melide, cuya finalización sigue sin fecha concreta, a pesar de que el ministro Óscar Puente anunciara su conclusión para finales de 2025.
Los alcaldes de Arzúa, Xoán Xesús Carril, y Melide, Xosé Manuel Pérez, reclaman certezas sobre la finalización de la infraestructura y medidas paliativas, mientras el avance de los trabajos no invita al optimismo.




