La Torre de Caldaloba: leyendas e historia en una fortaleza medieval de Lugo

Las ruinas de esta antigua construcción militar en Cospeito guardan relatos de transformaciones sobrenaturales y batallas históricas.

Imagen de las ruinas de la Torre de Caldaloba en Cospeito, Lugo.
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Imagen de las ruinas de la Torre de Caldaloba en Cospeito, Lugo.

La Torre de Caldaloba, también conocida como castillo de Vilaxoán, en Cospeito, Lugo, es un testimonio de las luchas de poder y las leyendas que marcaron la Galicia bajomedieval.

Una elevación en la llanura lucense guarda entre sus piedras centenarias historias de asedios nobiliarios, rebeliones populares y maldiciones que han sobrevivido al paso de los siglos. Las ruinas de una fortificación medieval en la Terra Chá combinan episodios históricos documentados con leyendas populares que han permanecido vivas en la memoria colectiva de la comarca, convirtiendo el enclave en uno de los espacios más enigmáticos del patrimonio gallego.
La Torre de Caldaloba, también conocida como castillo de Vilaxoán, se levanta en el municipio lucense de Cospeito como testimonio de las luchas de poder que marcaron la Galicia bajomedieval. Entre los siglos XIII y XIV, esta construcción militar pasó por manos de importantes linajes como los Enríquez y los Castro, vinculándose directamente con Pedro Pardo de Cela, el mariscal gallego cuya ejecución en 1483 marcó un punto de inflexión en la resistencia de la nobleza gallega frente a la centralización impulsada por los Reyes Católicos.
Tras la muerte de Pedro Pardo de Cela, la fortaleza se convirtió en refugio de Constanza de Castro y su esposo Fernán Ares, quienes resistieron el asedio de las tropas reales hasta que el deterioro del agua almacenada en el aljibe les obligó a rendirse. Este episodio representa uno de los últimos capítulos de la oposición nobiliaria gallega ante el avance del poder castellano en territorio galaico.
Más allá de los episodios históricos documentados, la tradición oral ha mantenido viva una leyenda que conecta el castillo con fenómenos sobrenaturales de carácter metamórfico. Según el relato popular, una joven de familia noble que habitaba la fortaleza estableció una relación sentimental con un herrero que también ejercía como gaitero en los banquetes del castillo. Las diferencias estamentales entre ambos hacían imposible la unión, generando el rechazo de otro noble que pretendía a la doncella. Este personaje, según la leyenda, pronunció una maldición que transformó a la joven en una loba de pelaje blanco que desapareció en los bosques próximos a la fortificación. La tradición asegura que el animal continúa merodeando las ruinas y que quien se la encuentre debe pronunciar tres veces la expresión "vete con Dios" para evitar su presencia.
El imaginario popular asociado a Caldaloba no se limita a la historia de la doncella maldita. Entre las narraciones transmitidas de generación en generación destaca la existencia de un túnel subterráneo que conectaría el castillo con construcciones cercanas, como el pazo de la zona o manantiales ocultos, utilizado supuestamente como vía de escape en situaciones de asedio o para realizar emboscadas contra atacantes. Otra leyenda menciona una serpiente voladora que habría aterrorizado la comarca hasta ser abatida por un caballero local, cuyo escudo heráldico quedó marcado posteriormente con la representación de este ser mitológico. Asimismo, circulan relatos sobre tesoros enterrados en los alrededores de la fortaleza, incluyendo la figura de un caballero fabricado en oro que permanecería oculto en algún punto indeterminado del entorno.
A pesar de haber sido declarada Bien de Interés Cultural en 1994, la Torre de Caldaloba presenta un estado de conservación considerablemente deteriorado. El abandono institucional prolongado y los efectos erosivos del tiempo han afectado gravemente a la estructura, poniendo en riesgo la supervivencia de uno de los testimonios medievales más significativos de la provincia de Lugo. Las administraciones públicas han anunciado en diversas ocasiones su intención de intervenir en el conjunto, aunque por el momento no se ha concretado ninguna actuación definitiva.