La Montaña de Lugo, refugio climático en la última glaciación según Hugo Bal

Una investigación de la USC revela que las sierras orientales lucenses fueron un enclave vital para neandertales y homo sapiens.

Restos de fauna prehistórica y herramientas de piedra en una cueva, iluminados por una luz cálida.
IA

Restos de fauna prehistórica y herramientas de piedra en una cueva, iluminados por una luz cálida.

La investigación de Hugo Bal para la USC desvela que la Montaña de Lugo actuó como un refugio climático crucial durante la última glaciación, albergando fauna y grupos humanos como neandertales y homo sapiens.

El zooarqueólogo Hugo Bal (Lugo, 1997) ha presentado los resultados de su tesis doctoral en la Universidad de Santiago de Compostela (USC), que redefine la comprensión de la ocupación humana y animal en el noroeste peninsular durante el final del Plistoceno. Su estudio, centrado en los yacimientos de Cova Eirós (Triacastela), Valdavara (Becerreá) y A Valiña (Castroverde), sugiere que las sierras orientales de la provincia de Lugo ofrecieron un ambiente habitable y protegido del frío extremo de aquella época.
La particularidad del suelo gallego, que no favorece la conservación de sólidos orgánicos, hace que las cuevas sean los únicos lugares donde se pueden recuperar los restos de animales que sirvieron de alimento a neandertales y homo sapiens. La tesis de Bal unifica el estudio de estos tres yacimientos, que hasta ahora se analizaban de forma aislada, proporcionando una visión más completa de su interconexión e importancia.

"Calculamos que a finales del Pleistoceno había una media de 3,5 grados menos de los que hay en la actualidad."

Hugo Bal · Zooarqueólogo
El análisis de pequeños roedores y grandes herbívoros permitió estimar que las temperaturas medias eran unos 3,5 grados más bajas que las actuales. Sin embargo, la presencia de microclimas en las zonas más elevadas, cercanas a los glaciares, y la naturaleza de las cuevas con sustratos calcáreos y temperaturas estables, convirtieron la región en una zona de refugio climático. Los grupos humanos, procedentes del área cantábrica y del interior peninsular, encontraron en estas sierras un crisol donde confluían diferentes culturas.
Los neandertales y los homo sapiens ocuparon estas cuevas en diferentes periodos, sin que se registrase una convivencia temporal directa en la región. Las evidencias indican que las cuevas, como Cova Eirós, eran utilizadas como campamentos estacionales, principalmente en primavera y otoño, siguiendo los movimientos de los animales, siendo el ciervo la presa más común. También se encontraron restos de uros, bisontes, rebecos, leopardos, hienas, leones de las cavernas y rinocerontes lanudos, lo que refleja la rica biodiversidad de la época.
La investigación también revela aspectos culturales, como el uso de dientes de animales perforados y huesos decorados por parte de los homo sapiens en Cova Eirós, así como el intercambio de objetos con otros grupos, como las conchas marinas encontradas en Valdavara, que podrían proceder de la costa cantábrica.