La votación, que se saldó con 13 apoyos (los del PP y la edil independiente) frente al rechazo del PSOE y el BNG, devuelve a los populares el control del gobierno municipal. Este cambio se produce en un contexto de fuerte polarización política y división social, tanto en el pleno como en las calles.
La sesión plenaria estuvo marcada por la tensión desde su inicio. Cientos de personas se concentraron en el exterior del Ayuntamiento en protesta contra la moción, y no se permitió el acceso del público al salón de plenos por motivos de seguridad, generando controversia entre los miembros de la mesa de edad.
“"Lugo necesita un cambio y el anterior gobierno demostró despilfarro y falta de gestión en proyectos estratégicos."
Durante el debate, la nueva regidora defendió la moción, argumentando la necesidad de un cambio en la ciudad. Por su parte, el alcalde saliente criticó la iniciativa, acusando al PP de aprovechar la situación política del PSOE. Desde el BNG calificaron el acuerdo de “traición” y de operación basada en intereses personales, mientras que el PSOE denunció la falta de transparencia.
Las protestas en la plaza del Ayuntamiento derivaron en momentos de tensión a la salida de la sesión, con enfrentamientos verbales entre simpatizantes de distintos partidos. Gritos y abucheos se dirigieron contra la nueva alcaldesa y la concejala que apoyó la moción, en un ambiente controlado por un amplio dispositivo policial.
Este cambio en la Alcaldía convierte a la nueva regidora en la cuarta persona en ocupar el cargo en el actual mandato, un periodo caracterizado por la inestabilidad, cambios políticos y reconfiguraciones internas en el gobierno municipal de Lugo.




