Una nueva investigación liderada por la Flinders University, en Australia, sugiere que la "explosión cámbrica", el período de rápido desarrollo de ecosistemas marinos complejos hace unos 540 millones de años, tuvo un protagonista inesperado: la acumulación de excrementos en el fondo del mar. Los autores denominan este fenómeno como una "revolución fecal" que pudo remodelar la circulación de nutrientes e impulsar la diversificación biológica.
Cuando los primeros animales comenzaron a alimentarse de forma más sofisticada, produjeron restos digestivos más abundantes y variados. Estos residuos, fosilizados como coprolitos, aparecieron a comienzos del Cámbrico y se han identificado en más de 35 yacimientos a nivel mundial. Según los investigadores, este aumento de "materia orgánica reciclada" habría enriquecido los océanos con carbono y nutrientes, acelerando la evolución de nuevas formas de vida y la complejidad de las cadenas tróficas.
El estudio, publicado en Trends in Ecology & Evolution, propone que las heces actuaron como "paquetes" de energía y nutrientes, redistribuyendo materia orgánica en la columna de agua y en el sedimento. Esta reconfiguración del ciclo de nutrientes creó condiciones más favorables para el surgimiento de animales con dietas más diversas y sistemas digestivos más complejos, fomentando la innovación evolutiva.
Los científicos señalan que esta idea complementa otras explicaciones clásicas de la explosión cámbrica, como el aumento del oxígeno. La mayor eficiencia de los sistemas digestivos de los organismos primitivos convirtió el mar en un entorno más dinámico, con más disponibilidad de alimento y, por tanto, más oportunidades para la evolución.
Los coprolitos actúan como un valioso archivo fósil, permitiendo reconstruir los hábitos alimentarios de los animales primitivos y su evolución. La diversidad de estos restos sugiere que la evolución de las estrategias alimentarias avanzó a la par que la diversificación de los ecosistemas marinos, abriendo nuevos nichos ecológicos.
Esta propuesta también ayuda a comprender mejor la historia de los primeros animales. La interacción entre depredadores, presas, detritos y sedimentos se volvió más estrecha, dejando una huella profunda en el registro fósil y convirtiendo el océano en un entorno más fértil gracias al reciclaje biológico.




