Este establecimiento, que ya había cerrado hace 13 años por incumplimiento de la normativa municipal, había cambiado su nombre a Dezhavu, pero su pista de baile seguía siendo el epicentro de innumerables noches para cientos de personas. Su posible reconversión en espacio de restauración, como ha ocurrido con otros locales como el Golden Fish, se suma a la lista de discotecas que, tras ser grandes templos de la noche, hoy son solo recuerdos tras fachadas deterioradas y vegetación.
Uno de los ejemplos más claros de este declive es El Bosque, en Cambre, que pasó de ser un referente para la juventud de los 90 y 2000 a un espacio en ruinas. El Concello de Cambre tuvo que tapiar el local después de sufrir varios incendios y actos vandálicos. Este local de Cecebre, que lleva años a la venta, se encuentra en un estado de conservación muy precario, con la vegetación invadiendo sus antiguas zonas de baile.
Otro caso es el de Baroke, en Sada, cuya fachada blanca y azul lleva tiempo con la verja baja. Tras el cese de su actividad, el inmueble entró en un proceso de deterioro que llevó al Concello a expedientar al antiguo propietario por el estado de conservación. Lo que fue la sala de fiestas El Moderno y luego un pub muy querido por la generación de los 80, hoy solo sobrevive en la memoria de sus antiguos clientes.
En Santa Cristina, además de Bambina, destacó Chevalier, un punto de encuentro para muchos jóvenes de los 80 y 90. Conocida por sus concursos de DJs y fiestas temáticas, llegó a tener su propia moneda, las eurochevas, y una tradición de cierre al ritmo de la Orquesta Mondragón. Los cambios en las tendencias del ocio y el declive de la ruta fiestera llevaron a su cierre definitivo en 2017, y posteriormente salió a la venta por 450.000 euros, una cifra cercana a los 495.000 euros que se piden ahora por Bambina.




