El estudio, encargado por el departamento de Consumo, liderado por Sumar, pone de manifiesto que el porcentaje de hogares que viven en una vivienda en propiedad ha disminuido del 79% al 63,9%. Paralelamente, los hogares que viven de alquiler se han incrementado del 11,9% al 19,2%, y los hogares que actúan como arrendadores casi se han triplicado, pasando del 3,4% al 9,8% del total.
El análisis, elaborado a partir de datos de la Encuesta Financiera de las Familias y de la Dirección General del Catastro, revela que entre los años 2008 y 2022, los hogares sin ninguna propiedad pasaron del 15% al 22,1%. En el mismo periodo, los hogares con dos o más propiedades crecieron del 26,8% al 37,1%, mientras que los hogares con una única propiedad cayeron del 58,3% al 40,9%.
“"Los multipropietarios son mayoría entre los propietarios españoles: el 51,7% posee dos o más inmuebles, cuando en 2008 eran el 46,1%."
El informe subraya que el crecimiento del parque inmobiliario ha beneficiado principalmente a aquellos que ya acumulaban patrimonio. Los propietarios con un solo inmueble redujeron su peso en un 3,7%, pero aquellos que tenían entre seis y diez propiedades aumentaron un 51,6%. Los grandes tenedores, con más de diez inmuebles, multiplicaron su patrimonio inmobiliario por más de cuatro, pasando de 138.000 a 626.000 inmuebles.
Los datos analizados por el departamento de Consumo indican que los hogares sin ningún inmueble han aumentado un 63% en catorce años, mientras que los hogares con dos o más propiedades crecieron un 54%. Por el contrario, el propietario único, que históricamente ha sido la base del modelo residencial español, se ha reducido un 22%.
“"La crisis de la vivienda es también una crisis de desigualdad patrimonial. Los datos muestran que cada vez más hogares quedan excluidos del acceso a la propiedad, mientras una proporción creciente de inmuebles se concentra en manos de quienes ya poseen varias propiedades."
El estudio concluye que esta tendencia apunta a la consolidación de una sociedad dual, donde la vivienda deja de ser un mecanismo de seguridad e integración social para convertirse en una fuente de desigualdad persistente. En menos de dos décadas, dos millones de nuevos inmuebles no ampliaron el acceso a la propiedad, sino que ahondaron esta estructura dual.