La ciudad de A Coruña desempeñó un papel fundamental en la historia de España a principios del siglo XVI, sirviendo de escenario para uno de los episodios más relevantes en la disputa por la corona de Castilla. Fue aquí donde Felipe el Hermoso y Juana la Loca desembarcaron el 26 de abril de 1506, buscando evitar un encuentro directo con el Rey Fernando el Católico.
La llegada de la pareja real a la ciudad herculina, tras un viaje accidentado desde Flandes con escala en Inglaterra, no fue casual. La flota, compuesta por unos 50 barcos y 2.000 soldados mercenarios, tenía como objetivo retrasar el inevitable enfrentamiento con Fernando de Aragón, quien los esperaba en el puerto cántabro de Laredo. La estrategia buscaba ganar tiempo y apoyos antes de la confrontación.
Durante varios meses, A Coruña fue testigo de intensas negociaciones y maniobras políticas. Felipe el Hermoso logró atraer a la nobleza y al alto clero, lo que le permitió imponer a su suegro, Fernando el Católico, los acuerdos de Villáfila. Estos pactos obligaron a Fernando a retirarse a Aragón, dejando el camino libre para el inicio del reinado de Felipe en Castilla.
Una de las primeras decisiones de Felipe el Hermoso fue recluir a Juana en un castillo y declararla incapacitada. Esta acción contribuyó a forjar la leyenda de la reina, conocida históricamente como Juana la Loca, y consolidó su propio poder en el reino.




