El proyecto, denominado Clear-Edar y financiado por la Diputación de Pontevedra, analizó la capacidad de esta infraestructura para gestionar contaminantes emergentes. La investigación, en la que colaboraron el Centro Oceanográfico de Vigo y grupos de la Universidad de Vigo, subraya que la planta funciona como una barrera fundamental para la protección del ecosistema marino local.
El análisis técnico reveló que, pese a la alta eficiencia de retención, alrededor de dos toneladas anuales de microplásticos llegan al medio marino a través del efluente tratado. El estudio identificó que los textiles sanitarios, como las toallitas húmedas, constituyen el 70% de la masa sólida retenida en el desbaste, consolidándose como el principal reto estructural para el saneamiento urbano.
Los datos recogidos indican que la carga de entrada en la instalación podría alcanzar las 47 toneladas anuales de microplásticos. La mayor parte de este material queda depositado en los lodos o en el proceso de desbaste, reduciendo la concentración de partículas de 1180 por litro en la entrada a 91 por litro en el efluente final.
Además de la evaluación ambiental, el trabajo científico permitió mejorar protocolos de digestión y separación de residuos. Estos avances, alineados con la nueva Directiva Europea de Aguas Residuales Urbanas, abren nuevas vías para la economía circular, incluyendo ensayos de vermicompostaje para la fracción orgánica de los residuos recogidos.




