La ciudad de Compostela acogió ayer la sesión plenaria del Día das Letras Galegas, organizada por la Real Academia Galega (RAG) en homenaje a la figura de Begoña Caamaño. La elección de la capital gallega como escenario respondió a la propuesta de la alcaldesa, Goretti Fernández, quien quiso ofrecer la ciudad tras conocerse que Caamaño sería la homenajeada del 2026. El Teatro Principal, un espacio significativo en la vida de la escritora, fue el lugar escogido para el evento, que coincidió con la manifestación en defensa del idioma convocada por Queremos Galego.
La ceremonia comenzó con la interpretación de la Marcha do Antigo Reino de Galicia a cargo de Os Enxebres de San Lázaro, con la presencia en el escenario del presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, y del presidente de la RAG, Henrique Monteagudo. La artista Sofía Espiñeira también participó con la pieza a capella «Unha tripulación» y posteriormente acompañada instrumentalmente, seguida de «Herba de namorar».
El presidente de la RAG, Henrique Monteagudo, fue el encargado de presentar a los artistas y los intérpretes en lengua de signos. La académica Ana Romaní, amiga de Caamaño, destacó la vigencia de su discurso sobre la violencia patriarcal, los discursos belicistas, el papel de las corporaciones mediáticas y la vulneración de derechos. Citó palabras de la homenajeada: «É o momento de mudar o xogo, de cambios profundos estruturais e conceptuais. É o tempo do feminismo, é dicir da xustiza, da igualdade, da liberdade, da dignidade e da felicidade».
La académica Marilar Aleixandre señaló que Begoña Caamaño «abriu en canal mitos», refiriéndose a la violencia contra la mujer y a la castración simbólica de las lenguas. Aleixandre comparó la obra de Caamaño con la «Odisea» y la figura de Penélope, destacando cómo la escritora «zurcía con fío violeta linguas cortadas» y exploraba la libertad femenina. También resaltó que Caamaño llevó en su mástil «as velas da rebeldía, da defensa da liberdade, da denuncia das inxustizas».
El expresidente de la RAG, Víctor Freixanes, recordó su conocimiento de Begoña Caamaño desde sus prácticas en la Radio Popular de Vigo en los años 80. Destacó su energía y alegría, y la calidad de su obra, como la novela «Circe», que calificó de «magnífica» y con una lengua gallega revitalizada. Freixanes subrayó la visión de Caamaño de que «o idioma é unha forma de narrar o universo» y su voluntad de «axustar contas» con la historia desde una óptica feminista, buscando «cambiar un mundo que non nos gusta».
Henrique Monteagudo, además de elogiar la inteligencia y el afán subversivo de Caamaño en su reinterpretación de los mitos, aprovechó para hacer un llamamiento a la defensa del gallego. Señaló que la encuesta sobre el idioma revela niveles críticos e instó a un «impulso político» y al «compromiso da cidadanía», confiando en el Plan Xeral da lingua y en el diálogo con la Xunta. Recordó la figura de Caamaño como ejemplo de «neofalante» que se hizo con la lengua.




