Dos aldeas de Viana do Bolo resisten el aislamiento con solo dos vecinos

Quintela de Humoso y Parada, en el rural ourensano, se enfrentan a la despoblación, la falta de servicios y el abandono del entorno.

Imagen genérica de un ayuntamiento de piedra gallego con balcón ornamentado.
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Imagen genérica de un ayuntamiento de piedra gallego con balcón ornamentado.

Las aldeas de Quintela de Humoso y Parada, en el municipio de Viana do Bolo, cuentan con solo dos habitantes censados cada una, enfrentándose al aislamiento y la falta de servicios.

El silencio y la soledad marcan el día a día en Quintela de Humoso, una pequeña aldea donde residen oficialmente dos vecinos. El paso del tiempo es visible en algunas viviendas cerradas la mayor parte del año, mientras la naturaleza comienza a reclamar el espacio. La emigración a ciudades como Barcelona, Bilbao o Suiza vació este núcleo, que en su día llegó a tener alrededor de 30 habitantes.
Agustín Álvarez Martínez, de 75 años y residente toda su vida en Quintela de Humoso, describe la rutina basada en el cuidado de la huerta, paseos y actividades cinegéticas o de pesca. La falta de compañía es uno de los aspectos más duros de su existencia, aunque el verano trae alguna visita ocasional. A pesar de haber trabajado fuera en el pasado, no contempla dejar su lugar de nacimiento, aunque se muestra pesimista sobre el futuro, previendo un mayor aislamiento y la falta de servicios básicos como un autobús regular a Viana do Bolo. También señala el abandono del entorno, con fincas sin limpiar y la contaminación del río.

"Se pasa bastante mal cuando no hay compañía."

Agustín Álvarez Martínez · Residente de Quintela de Humoso
A pocos kilómetros, en Parada, la situación es similar. Jorge Domínguez Ramos reside allí con su madre de 85 años. Tras una vida dedicada al transporte y a la administración, regresó para cuidarla. La aldea carece de comercios o lugares de encuentro, reduciendo la vida a las tareas domésticas y desplazamientos en coche para cualquier necesidad básica.
Jorge también destaca el deterioro del espacio urbano, con casas caídas y accesos bloqueados por la vegetación. Recuerda su intento frustrado de abrir una tienda en la zona debido a "trabas administrativas y costes", lo que refuerza su percepción de abandono institucional. La tranquilidad de la zona se mezcla con la tristeza ante la posibilidad de quedarse solo cuando su madre ya no esté, previendo la desaparición del pueblo.
Ambas aldeas reflejan la progresiva despoblación del rural ourensano, donde la falta de servicios y el abandono del entorno agravan la sensación de aislamiento de los pocos vecinos que resisten.