La Sierra de San Mamede: Memoria, Naturaleza y Leyendas en Montederramo

La región de Montederramo, en la Sierra de San Mamede, guarda historias de resistencia antifranquista, exilio y una naturaleza virgen que invita a la reflexión.

Imagen de la sierra de San Mamede, con carreteras serpenteantes y vegetación exuberante.
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Imagen de la sierra de San Mamede, con carreteras serpenteantes y vegetación exuberante.

La Sierra de San Mamede, en Montederramo, es un enclave natural e histórico que evoca la memoria de la resistencia antifranquista y las vivencias de sus habitantes, ofreciendo paisajes de gran belleza y un rico legado cultural.

Las cumbres de la Sierra de San Mamede, cerca de Montederramo, fueron testigos de episodios cruentos durante la posguerra española, sirviendo de refugio para los conocidos como “fuxidos”. Estos guerrilleros antifranquistas, cuya lucha era admirada por los jóvenes de la zona, convirtieron el paisaje en un escenario de heroica resistencia, según los relatos de los viejos pastores.
Una de las historias más trágicas tuvo lugar en Edreira, donde la familia del pastor Francisco Galán padre y un grupo de guerrilleros fueron asesinados en un enfrentamiento desigual. Solo el hijo, también llamado Francisco Galán, logró sobrevivir, continuando con la tradición pastoral hasta sus 84 años. La aldea de Edreira, hoy abandonada, aún conserva las huellas de un pasado marcado por la guerra y la emigración, como el viaje del abuelo Francisco a Cuba y luego a diversas ciudades de América, terminando su vida en Punta del Este, Uruguay.

"Aquellos guerrilleros gallegos convirtieron las tierras del abuelo en un campo de batalla."

El viejo pastor de Edreira
El paisaje de la sierra, que se extiende desde A Pá hasta el Xistral, es un mosaico de agua y vegetación. El río Queixa nace en estas tierras, y la Xunta dos Ríos, cerca de la antigua aldea de los Galán, es un punto de encuentro de corrientes cristalinas. La zona también alberga A Ferreiría, un vestigio de una antigua industria metalúrgica que demuestra la iniciativa de sus habitantes. Entre robles, castaños, acebos y abedules, los caminos antiguos invitan a explorar la naturaleza virgen.
La riqueza natural de la sierra incluye el Bidueiral de Montederramo, un espacio protegido de interés europeo, rodeado de acebos, que acoge especies como el corzo. La región, con 85 lugares habitados por menos de 1.500 personas, ofrece una inmersión total en la naturaleza. Además, el Monasterio de Montederramo, uno de los grandes cenobios benedictinos, impone con su arquitectura e historia, recordando a figuras como la reina Teresa de Portugal, también conocida como Doña Urraca.