Rubén Paz, originario de Lugo y residente en Pacios, Begonte, explicó que la idea surgió de la petición de los vecinos para embellecer los muros sucios bajo el puente. Dado que su abuelo, Manuel Otero, también pintor, ocupaba una de las paredes, decidió dedicar la otra a su recién nacida hija, Arlen.
“"Pinté a Arlen bajo el puente de la autovía porque en la otra pared está mi abuelo y porque está cerca del pueblo donde nació, en Pacios."
El artista subraya la dificultad y la responsabilidad de retratar a los seres queridos, ya que “no hay margen de error” cuando se busca transmitir su esencia. Además de su hija y su abuelo, Paz también plasmó en murales a su mujer y a sus perros, destacando la precisión necesaria para capturar los rasgos idénticos.
La pasión de Rubén Paz por el grafiti nació de su admiración por su abuelo, quien también pintaba y hacía tallas de madera. Comenzó a pintar hace veinte años, a los 15 o 16, pasando de simples garabatos a convertir este arte en una profesión. Actualmente, compagina su trabajo como vigilante de prisiones en Bonxe con medio mes dedicado a la pintura y un negocio de compraventa de coches.
“"Soy vigilante de prisiones en Bonxe y trabajo en esto medio mes y el otro medio me dedico a pintar. También tengo un negocio de compraventa de coches."
A pesar de que uno de sus murales, un retrato de Don Quijote en el colegio Cervantes de Lugo en 2022, estuvo a punto de ser reconocido como el mejor del mundo, Paz no le da mayor importancia, valorando la iniciativa. También reflexiona sobre la evolución del grafiti, señalando que, a diferencia de su juventud, hoy en día es menos común que los jóvenes se interesen por este arte de forma conjunta.