El Ayuntamiento de Santiago de Compostela pone en marcha la Plataforma Logística de Distribución de Mercancías, un nodo clave para la recepción y reparto de cargas en el Casco Histórico. El objetivo principal es disminuir la presencia de vehículos de reparto, utilizando para ello vehículos de cero emisiones de tamaño y peso reducidos, promoviendo así la sostenibilidad ambiental, la eficiencia en la movilidad y la protección del patrimonio.
Este proyecto, presente en documentos estratégicos del Ayuntamiento y del Consorcio desde 2017, cuenta con un amplio consenso administrativo. La plataforma centralizará las mercancías, reduciendo desplazamientos, ruido, consumo energético y la huella de carbono. Además, evitará el colapso de vehículos en los horarios de carga y descarga y descongestionará el uso de calles prioritarias para los peatones.
La necesidad de esta infraestructura en Santiago de Compostela radica en la protección del Casco Histórico, exigiendo la reducción del tráfico rodado para minimizar el impacto sobre los inmuebles y pavimentos, y la creación de una zona de bajas emisiones con reducida contaminación acústica para mejorar la calidad de vida.
La iniciativa fue promovida por el Ayuntamiento de Santiago y financiada con fondos europeos Next Generation EU, además de contar con una subvención de la Secretaría General de Transportes y Movilidad. Se sitúa en una parcela al norte del Polígono del Tambre, en la Vía de la Cierva, cerca de Mercagalicia.
Inicialmente, la plataforma servirá al núcleo del Casco Histórico, con la previsión de extenderse progresivamente a la zona monumental. Se espera que esté finalizada y equipada en el primer trimestre de 2026, iniciando operaciones a partir de ese momento. La adhesión será opcional, pero el Casco Histórico es una zona de bajas emisiones (ZBE), por lo que será obligatorio el uso de vehículos de 0 emisiones para los repartos.
La plataforma atenderá todo tipo de actividades y establecimientos que reciban o envíen mercancía en el centro histórico, incluyendo hostelería, restauración, comercio alimentario y no alimentario, así como servicios de administraciones, iglesia o universidad. La implantación será gradual, comenzando por las actividades con mayor carga.




