Las Rías Baixas gallegas albergan más de 3.300 bateas, concentradas principalmente en la ría de Arousa. Estas estructuras de cultivo de mejillón, emblemáticas de la comunidad, no solo son un motor económico sino que también actúan como un importante punto de encuentro para diversas especies marinas, incluidos los delfines mulares (Tursiops truncatus). Estos cetáceos encuentran en las bateas una fuente de alimento debido a la acumulación de peces y otros organismos marinos bajo las estructuras.
La influencia de las bateas en la vida de los delfines mulares va más allá de la alimentación. Un estudio del Bottlenose Dolphin Research Institute (BDRI), dirigido por el biólogo Bruno Díaz López, señala que la preferencia por alimentarse en estas estructuras fomenta la homofilia, es decir, la tendencia a relacionarse con individuos de gustos similares. Los delfines mulares que comparten el interés por las bateas establecen lazos sociales más fuertes, mientras que aquellos que no lo hacen tienden a agruparse entre sí.
“"Escogen a sus amigos en función de sus gustos: aquellos que comparten la preferencia por alimentarse en las bateas establecen lazos de amistad más fuertes."
Esta plasticidad social permite a los delfines mulares formar parte de diferentes grupos a lo largo del día, adaptándose a sus actividades. Sus preferencias alimentarias, que surgen de forma individual, pueden llevar a establecer relaciones duraderas comparables a la amistad humana.
La concentración de materia orgánica generada por los mejillones (Mytilus galloprovincialis) en las bateas atrae una gran cantidad de organismos marinos, convirtiendo estas zonas en puntos de alimentación preferentes para los delfines mulares. Reducen así el esfuerzo necesario para encontrar presas. Aunque el cultivo mediante cuerdas también existe, los delfines mulares prefieren las bateas, ya que las cuerdas pueden limitar sus movimientos.
La dieta de los delfines mulares es variada y se ajusta a la disponibilidad de alimento a lo largo del año. Las bateas proporcionan refugio a pequeños peces y albergan una rica biodiversidad de epibiontes (algas, briozoos, esponjas), creando una cadena trófica que atrae sargos, lubinas y pulpos, presas habituales de los delfines mulares.
Lejos de ser una amenaza, la presencia de delfines mulares puede ser beneficiosa para el cultivo. Al depredar especies que podrían perjudicar las bateas, ayudan a mantener el equilibrio ecológico de las rías y a reducir la presencia de organismos dañinos, contribuyendo a la biodiversidad y al buen funcionamiento de la producción mejillonera.
El BDRI lleva doce años monitorizando la población de delfines mulares en las Rías Baixas. Dada la larga esperanza de vida de esta especie (hasta 50-60 años), las bateas, presentes en su entorno desde hace mucho tiempo, se convierten en un "hábitat artificial" fundamental, especialmente en la ría de Arousa, donde la interacción entre cetáceos y la acuicultura es ya parte de la dinámica habitual del ecosistema marino.




