La figura de José Muíños Diéguez, conocido como José Diéguez, emerge como un personaje singular en la historia, no solo por su extraordinaria fuerza física sino también por su sorprendente trayectoria vital. Nacido en la parroquia de Xende, en el Concello de A Lama (Pontevedra), el 19 de febrero de 1875, hijo de un zapatero y una mujer de ocupaciones domésticas, Diéguez mostró desde muy joven una agudeza mental y una fuerza física notables, características que lo acompañarían a lo largo de su vida.
La prensa local de 1905 lo describía como "un hijo de Pontevedra, campeón de Portugal: prototipo de atleta, seco de carnes, de 68 kilos de peso, sus músculos están extraordinariamente pronunciados gracias a una voluntad de acero". Sus hazañas incluían romper manzanas con las manos, doblar clavos y monedas, y levantar pesos considerables, incluido un ternero, demostraciones que cautivaban al público y que lo situaban en un contexto donde la fuerza física era muy valorada, comparándose con figuras mitológicas como Hércules o Sansón.
Su fama lo llevó a Lisboa, donde se integró en el Real Gimnasio Club Portugués, bajo la tutela del profesor Walter Awata. Allí, Diéguez se proclamó dos veces Campeón de Portugal de Levantamiento de Pesas y Halteras (hoy halterofilia) en los años 1904 y 1905, un logro notable siendo extranjero. Además, sus exhibiciones de "belleza plástica", el precursor del culturismo, dejaban al público maravillado por su armonía muscular y elegancia de movimientos.
Tras una exitosa carrera deportiva, y con el deseo de "hacer las Américas", Diéguez planeó viajar a Nueva York. Ante el elevado coste de los pasajes, solicitó ayuda a su amigo y entrenador Walter Awata, quien intercedió ante Thomas W. McCawley, instructor de gimnasia del Titanic. McCawley, impresionado por su fuerza y dotes, le propuso viajar como polizón, oculto en el gimnasio del transatlántico.
Durante la tragedia del Titanic, el 14 de abril de 1912, Diéguez, desde el gimnasio cercano a los botes salvavidas, utilizó su enorme fuerza para ayudar a muchos pasajeros a subir a ellos, mientras el pánico se apoderaba del barco. Aunque no figura en la lista oficial de supervivientes con su nombre, se sabe que logró sobrevivir al desastre, a diferencia de McCawley.
Tras el naufragio, José Diéguez continuó su vida, estableciendo prósperos negocios que le permitieron amasar una considerable fortuna. Falleció en Lisboa a los 44 años, víctima de una parada cardiorrespiratoria. Al preparar su cuerpo para el entierro, descubrieron que llevaba colgada al cuello una cadena con un viejo botón metálico con el emblema de la White Star Line, una promesa a McCawley que jamás se quitó.




