La trayectoria profesional del arquitecto David Chipperfield, reconocido con el Premio Pritzker 2023, destaca por su proyección internacional en proyectos de gran envergadura. Sin embargo, su vínculo con Galicia trasciende lo meramente profesional, convirtiéndose en una relación íntima y casi sentimental. La comunidad gallega, y más concretamente la aldea marinera de Corrubedo en Ribeira, se ha convertido para él en un refugio familiar y una fuente de inspiración.
Este lazo con Galicia no se limita a estancias de descanso, sino que se ha transformado en un eje central de su pensamiento arquitectónico y urbanístico. El arquitecto decidió establecer una oficina de su estudio en Santiago de Compostela y, lo que es más significativo, fundó la Fundación RIA en 2017. Esta iniciativa busca conectar la planificación territorial con la sostenibilidad, la comunidad y la calidad de vida, convirtiendo la región en un laboratorio de ideas.
“"Nuestra casa en Corrubedo es mi manifiesto de lo que entiendo por arquitectura, algo que mejora las cosas pero no las somete."
Su vivienda en Corrubedo, construida entre 1996 y 2002, ejemplifica su filosofía de intervención respetuosa con el entorno. La casa, con volúmenes blancos sencillos sobre una base pétrea, busca integrarse en el paisaje sin imponerse, aprovechando las vistas al puerto y al océano. Esta obra refleja su visión de una arquitectura que sirve de soporte para la vida, intensificando la experiencia cotidiana sin caer en el espectáculo.
La Fundación RIA, creada en 2017, representa el paso más significativo de su implicación en Galicia. Desde esta plataforma, Chipperfield y su equipo trabajan en la planificación estratégica del territorio, abordando desafíos como la crisis climática, la despoblación y la degradación del entorno. La fundación considera Galicia un “laboratorio ideal” para comprender cómo el medio físico, la naturaleza y el patrimonio pueden desarrollarse de forma sostenible, buscando convertir a la comunidad en un referente europeo en este ámbito.
La presencia de su oficina en Santiago de Compostela, junto a las de Londres, Berlín, Milán y Shanghái, subraya la importancia que Galicia ha adquirido en su trayectoria. Para Chipperfield, la comunidad gallega ha dejado de ser una periferia emocional para convertirse en uno de los centros desde los que concebir su trabajo y su legado, encontrando en este rincón atlántico un espacio para imaginar el futuro de la arquitectura y el urbanismo.




