El síndrome de Asperger, clasificado como un trastorno del espectro autista de grado de apoyo 1, se caracteriza por la ausencia de discapacidad intelectual y alteraciones en el lenguaje. En Galicia, se registran al menos seis casos diarios, siendo un 90% de ellos adultos que buscan un diagnóstico para comprender mejor su condición.
Marisol García, directora ejecutiva de Asperga, destaca la evolución de la entidad desde sus inicios, cuando las familias carecían de información y apoyo. Hoy, la asociación cuenta con tres centros –dos en A Coruña y uno en Santiago de Compostela–, 39 profesionales, más de 500 socios y un millar de usuarios.
La profesionalización de la entidad comenzó en 2016, después de que en 2010 se creara un taller de habilidades sociales para niños y en 2014 se contratase a una psicóloga. Actualmente, Asperga funciona como un nexo "interconectado con la sanidad y con los asuntos sociales", ofreciendo un apoyo que la sanidad pública no cubre.
Sus tres centros cuentan con especialistas en terapia ocupacional, logopedia, psicología y trabajo social. Uno de los centros de A Coruña se centra en la atención temprana hasta los 18 años, mientras que el otro está dirigido a adultos. El servicio es descrito como "integral" y "bastante holístico", desde la primera consulta hasta la atención continuada.
Diariamente, Asperga recibe cerca de seis correos electrónicos con consultas, la mayoría de adultos y adolescentes, incluyendo muchas mujeres adultas que se identifican con el Asperger al diagnosticar a sus hijos. La entidad también atiende a personas con trastorno del espectro autista de apoyo 2 sin discapacidad intelectual.
García subraya la "invisibilidad" del Asperger y la "vulnerabilidad" de las personas afectadas, que en muchas ocasiones no son conscientes de su condición o de las sutilezas sociales. Esto puede llevar a situaciones de acoso o abuso sin que se den cuenta. Por ello, la asociación promueve la concienciación en el ámbito laboral, destacando las diferencias sensoriales, ejecutivas y sociales que presentan las personas autistas, y que no se deben a problemas de salud mental sino a diferencias biológicas cerebrales.
Asperga aborda estas cuestiones a través de grupos específicos y aumenta sus servicios según las necesidades. Lamentan que la sanidad pública los sitúe "al final de la escalera de necesidades de apoyo", a pesar de que muchos usuarios provienen directamente del Servizo Galego de Saúde. Esperan seguir creciendo para dar respuesta a más personas.




