La primavera es el momento ideal para explorar las maravillas naturales de Galicia, y la provincia de Pontevedra destaca por ofrecer rutas que combinan paisaje, patrimonio y una experiencia diferente. Cerca de la frontera con Portugal, en el sur de la comunidad, se encuentra uno de los recorridos más singulares para los amantes del senderismo.
Los Molinos del Folón y del Picón, ubicados en O Rosal, son uno de los conjuntos etnográficos más espectaculares de Galicia. Más de sesenta molinos hidráulicos alineados en cascada sobre la ladera de un monte crean una estampa única, donde el agua y la piedra narran siglos de historia.
La mejor forma de descubrir este enclave es a través de su sendero circular señalizado, una opción equilibrada para quienes buscan una experiencia completa sin complicaciones técnicas. La ruta tiene una distancia de entre 3 y 3,5 kilómetros, con una duración estimada de 1,5 a 2 horas y una dificultad entre baja y media. Se recomienda comenzar por la zona de O Picón.
El recorrido sigue el curso de los ríos Folón y Picón, ascendiendo progresivamente por la ladera mientras los molinos aparecen uno tras otro, conectados por canales que antiguamente dirigían el agua para moler cereales como maíz, trigo o centeno. El resultado es un paisaje en movimiento, con pequeñas cascadas y el sonido constante del agua.
Este conjunto de molinos, levantados entre los siglos XVIII y XIX, no es solo bonito: tiene peso histórico. De hecho, está protegido como Bien de Interés Cultural, lo que refuerza su valor dentro del patrimonio gallego.
Este conjunto de molinos, construidos principalmente entre los siglos XVIII y XIX, posee un gran valor histórico y etnográfico, estando protegido como Bien de Interés Cultural. A lo largo de la ruta, se pueden observar detalles como inscripciones en las piedras con fechas de construcción y estructuras perfectamente conservadas.
Uno de los puntos álgidos del recorrido es el mirador natural en la parte alta, desde donde se abre una panorámica impresionante hacia el valle del Miño, con vistas que alcanzan el Monte Santa Trega, uno de los iconos paisajísticos del sur de Galicia.
Aunque el trazado incluye alguna subida, la ruta es accesible para la mayoría de los públicos, sin tramos técnicos complicados y bien señalizada. Es fundamental llevar calzado adecuado y agua, especialmente en días de calor, ya que el terreno puede presentar humedad en ciertas zonas.
Esta ruta no está aislada, sino que forma parte de un entorno rico en atractivos. A pocos minutos, la desembocadura del río Miño ofrece paisajes abiertos donde Galicia y Portugal se encuentran. Muy cerca, los viñedos de O Rosal aportan valor con la producción de vinos blancos reconocidos dentro de la D.O. Rías Baixas. Para quienes deseen más senderismo, la zona cuenta con alternativas como la Senda de los Pescadores, que sigue el curso del río Tamuxe.



