La vocación veterinaria en el rural gallego: entre la tradición y los nuevos desafíos

La profesión veterinaria en Galicia se enfrenta a una profunda transformación, marcada por el despoblamiento rural y la especialización creciente.

Imagen genérica de un veterinario examinando ganado en una explotación rural.
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Imagen genérica de un veterinario examinando ganado en una explotación rural.

La profesión veterinaria en Galicia celebra su día mundial con una realidad dual: la atención a animales de producción en un rural en declive y la medicina de mascotas en entornos urbanos, donde la vocación sigue siendo el motor principal.

Dos profesionales del sector, uno con más de tres décadas de experiencia y otra recién incorporada, analizan la evolución de una actividad que se adapta a los nuevos tiempos. El veterinario con amplia trayectoria, perteneciente a la primera promoción de la Facultade de Veterinaria de Lugo, lleva más de treinta años trabajando en explotaciones ganaderas de la comarca de Deza, una de las zonas con mayor tradición láctea de Galicia. Su elección profesional estuvo influenciada por la vocación y su contexto vital, siendo hijo de ganaderos y creciendo entre animales.
En los últimos treinta años, su trabajo y el propio rural han experimentado una profunda transformación. Las pequeñas explotaciones familiares, que antes eran la norma, están desapareciendo debido a la falta de rentabilidad. Este cambio productivo fue parejo al despoblamiento, que convirtió un rural antes lleno de vida en un espacio con menos actividad. La profesión se ha adaptado, pasando de realizar todas las tareas en las granjas a centrarse en casos más específicos, mientras surgían profesionales más especializados en áreas como la reproducción o la nutrición animal.

"Nunca sabes con qué te vas a encontrar. En casa nunca te esperan para comer."

un veterinario rural
La jornada laboral del veterinario rural sigue siendo imprevisible, con urgencias que no entienden de horarios y la necesidad de recorrer cada vez más kilómetros para atender las explotaciones. Esta incertidumbre, aunque forma parte del atractivo del oficio, también es una de sus principales dificultades. Las llamadas nocturnas, que antes eran habituales, han disminuido con la profesionalización y el aumento del tamaño de las granjas.
A pesar de los cambios y las dificultades, el profesional no duda de su elección, rechazando dedicarse a la clínica de animales de compañía o a la medicina humana. A sus 61 años, empieza a ver el final de su etapa profesional, compartiendo trabajo con una veterinaria joven que representa el relevo generacional. Esta joven, criada en As Pontes (A Coruña), se incorporó al medio rural tras terminar la carrera en junio y trabaja como autónoma, entre urgencias y guardias sin horario.

"En el rural cada vez hay menos veterinarios. La carga de trabajo va en aumento."

una veterinaria joven
La disponibilidad total y la alta carga de trabajo son desafíos constantes, que hacen que la conciliación sea casi imposible para muchas mujeres en la profesión. Sin embargo, la veterinaria joven cree que una mejor organización por equipos podría mejorar la situación. A pesar de las dificultades, encuentra satisfacción en momentos como los partos de terneros y siente el apoyo de los ganaderos de la zona. De cara al futuro, tiene el sueño de formar un equipo veterinario.
Otra profesional, que finalizó sus estudios en 2009, optó por la clínica de pequeños animales en Pontevedra, una decisión que sorprendió a su familia. Tras el fallecimiento de un veterinario local en 2010 y el cierre de su clínica, ella decidió reabrirla en 2013. Ahora, al frente de un equipo, ha sido testigo de la profunda transformación en la relación entre las personas y las mascotas, que han pasado a ser miembros de la familia. Esta mayor implicación de los propietarios, aunque positiva, también aumenta la presión sobre los profesionales, que se enfrentan a una demanda creciente de servicios y tratamientos avanzados.