Esta revisión, la primera en 23 años, eleva el número total de topónimos a 42.909, abarcando los 313 ayuntamientos gallegos, sus parroquias y entidades de población. Tras un estudio exhaustivo de 4.398 casos, la Real Academia Galega (RAG) propuso cambios en 2.531 topónimos, de los cuales 14 corresponden a ayuntamientos, 182 a parroquias y 2.335 a lugares o entidades de población.
En la provincia de Pontevedra, cinco ayuntamientos experimentan modificaciones en sus nombres: Campo Lameiro pasa a ser O Campo Lameiro, Mondariz-Balneario y Cerdedo-Cotobade pierden el guion, A Cañiza cambia a A Caniza, y Cangas añade el apellido de Morrazo. Vicente Feijóo, coordinador técnico de Galicia Nomeada y del Seminario de Onomástica de la RAG, subraya que cada cambio tiene una justificación científica y no es fruto del azar.
En el caso específico del municipio de Pontevedra, la revisión incluye la modificación de dos parroquias por cambios en su advocación. San Vicente de Cerponzóns pasa a denominarse San Vicenzo de Cerponzóns, recuperando el nombre tradicional, mientras que las advocaciones de San Bartolomeu y Santa María desaparecen del topónimo oficial de Pontevedra. Además, se detectaron 47 nuevos lugares o entidades poblacionales y se realizaron 27 cambios de nombre en parroquias del ayuntamiento.
“"Nos pusimos casi de forma especial a trabajar sobre el ayuntamiento de Pontevedra, de ahí que revisáramos todos los nombres de aldeas y parroquias y encontramos estos a los que les faltaba el artículo e incorporamos estos 47 que faltaban y otros salieron del trabajo de campo hecho por el Ayuntamiento."
La particularidad de Pontevedra se debe a que el Ayuntamiento, a través del concejal de Normalización Lingüística, Demetrio Gómez, y la normalizadora Conchi Cochón, contactó con la RAG hace cuatro años para reformar el censo municipal y rotular correctamente barrios y parroquias. Este trabajo previo facilitó la identificación de lugares que no figuraban en los nomenclátores existentes.
Antón Santamarina, también coordinador del Seminario de Onomástica de la RAG, explica que el objetivo de la reforma es corregir desajustes del Nomenclátor de 2003, que ya supuso un avance frente a los nomenclátores franquistas. Los investigadores insisten en la base científica de los cambios, empleando criterios etimológicos, la oralidad y documentación histórica, remontándose incluso a la Edad Media para restituir formas históricas como en Cangas de Morrazo.




