El calor ya deja 142 muertes en Galicia

La mayoría de los fallecimientos se atribuyen al calor moderado, no solo a episodios extremos, y Pontevedra registra el mayor impacto.

Imagen genérica de un termómetro con un paisaje gallego nublado de fondo.
IA

Imagen genérica de un termómetro con un paisaje gallego nublado de fondo.

El calor ya ha provocado 142 muertes atribuibles en Galicia en lo que va de verano, según datos del Instituto de Salud Carlos III, con una mayoría de casos asociados al llamado "calor moderado".

La mayor parte de los fallecimientos se atribuyen a la llamada calor moderada, un fenómeno que desmonta la idea de que el peligro solo llega cuando los termómetros baten récords. Pontevedra se sitúa entre las provincias con mayor mortalidad asociada al calor de todo el Estado. Cada vez que los termómetros superan los 35 o los 40 grados, las administraciones activan avisos, pero los datos muestran una realidad mucho más compleja y preocupante: el calor mata mucho antes de convertirse en un episodio extremo.
Según la aplicación MACE, desarrollada por el Instituto de Salud Carlos III, el calor ha provocado ya 142 muertes atribuibles en la comunidad gallega cuando el verano apenas ha comenzado. De ellas, 113 corresponden al calor moderado y 29 al calor extremo, una distribución que rompe con la percepción habitual de que los fallecimientos solo se producen durante los episodios más severos.
El investigador Dominic Royé, de la Misión Biolóxica da Galicia (MBG-CSIC), insiste en que la interpretación de que solo el calor extremo es peligroso es errónea. La exposición continuada a temperaturas elevadas durante días consecutivos también incrementa notablemente el riesgo de morir, especialmente entre personas mayores y colectivos vulnerables, en un momento en que Galicia vive una sucesión de días cálidos que someten a la población a estrés térmico prolongado.
La aplicación MACE revela que, hasta el 21 de junio, Galicia acumulaba 11 días de calor extremo. Sin embargo, la cifra de fallecimientos supera el centenar. La clave está en la metodología: el umbral de calor extremo se calcula por la temperatura media diaria, no por la máxima puntual. Una tarde de 39 o 40 grados puede no ser extrema si la media de las 24 horas desciende, pero el impacto en la salud persiste. El organismo acumula el estrés térmico, lo que se traduce en un incremento de la mortalidad, incluso sin ola de calor oficial.
Galicia es especialmente vulnerable debido al envejecimiento demográfico, a la menor percepción del riesgo en comparación con el sur peninsular y a la modificación del comportamiento de los veranos por el cambio climático, que acentúa la duración de los episodios cálidos.
Por provincias, Pontevedra acumula 42 muertes por calor moderado, seguida por A Coruña (36), Lugo (19) y Ourense (16). En el calor extremo, A Coruña lidera con 21 fallecimientos. La aparente contradicción de Ourense, la provincia más calurosa, no encabezar la lista se explica por los distintos umbrales de calor extremo adaptados a cada territorio y a otros factores como la edad de la población o la urbanización.
Las series históricas muestran un aumento progresivo de la mortalidad atribuible al calor en Galicia, especialmente desde 2022. Pontevedra y A Coruña presentan incrementos muy superiores a los del interior. Pontevedra registró 273 muertes por calor moderado en 2025, situándose entre las diez provincias españolas con peores registros, por delante de otras más pobladas y cálidas.
El incremento en Pontevedra fue superior al 400% en 7 años (de 52 muertes en 2018 a 273 en 2025). En A Coruña, el aumento fue casi por cinco (de 51 a 247). Lugo y Ourense también muestran tendencias ascendentes, evidenciando que la mortalidad por calor es ya recurrente en Galicia.
El verano de 2022 marcó un punto de inflexión, con un salto en la mortalidad. Aunque 2023 tuvo un ligero alivio, 2024 y 2025 volvieron a crecer, y los datos de 2026 apuntan a una repetición de la tendencia. La persistencia de las altas temperaturas, incluso sin superar el umbral de calor extremo, es el principal problema, ya que dificulta la recuperación del cuerpo.
La explicación de por qué Pontevedra supera a Ourense en mortalidad reside en la combinación de factores: umbrales de riesgo distintos, edad media de la población, urbanización, contaminación y calidad de las viviendas. El riesgo es multicausal, no solo dependiente de la temperatura.
El cambio climático también modifica cómo mata el calor. Los episodios son más largos, aparecen antes y mantienen temperaturas elevadas durante semanas, impidiendo la recuperación del organismo. El calor moderado, pero persistente, es el que causa muchas muertes.
Las previsiones meteorológicas indican un descenso transitorio de las temperaturas a mediados de semana, pero se espera una nueva recuperación térmica hacia el fin de semana. La continuidad del calor, aunque sin valores excepcionalmente altos, preocupa a los especialistas, ya que varios días consecutivos de temperaturas elevadas bastan para aumentar la mortalidad.
La percepción de que Galicia estaba ajena a los efectos de las altas temperaturas ya no se sostiene. Provincias como Pontevedra y A Coruña figuran entre las más afectadas de España. La gran lección es que el calor no espera a las grandes olas para matar, sino que lo hace de manera silenciosa, con un impacto creciente en una población cada vez más envejecida y vulnerable.