Aquel lunes, muchos ciudadanos pensaron inicialmente en un fallo local, pero pronto se percataron de que la interrupción afectaba a una vasta región. La falta de electricidad llevó a muchos a buscar velas y candiles, y la radio se convirtió en la principal fuente de información, recuperando su papel central en la comunicación.
La situación provocó que los nativos digitales se desconectaran de sus pantallas, fomentando la interacción personal. Comercios y oficinas cerraron, y las terrazas se llenaron de gente que, sin poder tomar café, optó por bocadillos y cervezas, haciendo un «agosto» inesperado para la hostelería. El sol, incombustible, iluminó Ourense en un día primaveral.
“"El apagón fue una tormenta perfecta originada por la coincidencia de diversas causas, entre ellas la fragilidad de un sistema eléctrico incapaz de regular un aumento rápido de tensión."
Un año después, las explicaciones oficiales apuntan a una «tormenta perfecta» de causas, incluyendo la vulnerabilidad del sistema eléctrico ante cambios bruscos de tensión. A pesar de la magnitud del evento, no se registraron dimisiones relacionadas con la gestión de la crisis.




