En el año 1976, una noticia del Diario Gallego ponía de manifiesto la preocupación por la seguridad en las obras de la ciudad de Ourense. Una construcción en una calle céntrica y transitada, concretamente en la calle de Curros Enríquez, carecía de la valla protectora necesaria para salvaguardar a los viandantes de la posible caída de materiales. La situación generaba interrogantes sobre la eficacia de la inspección municipal de obras y el cumplimiento de las ordenanzas.
Pero quienes deban procurar que las ordenanzas municipales se cumplan, deben estar tomándose a risa esta responsabilidad. Ellos, duchos en la materia, saben que no les caerá ni la piedra, ni el caldero, ni el hormigón en la cabeza.
Además, la crónica de aquel año también reflejaba una estampa habitual en la ciudad: el paso de las comunidades gitanas. Descritos como una "curiosa, anacrónica estampa", sus carromatos modernizados con ruedas de goma transportaban sus enseres domésticos, buscando un nuevo punto de residencia provisional. A pesar de los cambios sociales y tecnológicos de la época, su forma de vida nómada permanecía, ajena a las preocupaciones del mundo moderno.
Otra de las noticias destacadas de la hemeroteca de 1976 fue la presentación de la novela Azul Cobalto. Historia posible del marqués de Sargadelos del escritor ourensano Alfredo Conde. La obra, que el autor presentó en la galería Sargadelos de la ciudad, fue concebida como un tributo a la figura de Antonio Raimundo Ibáñez y al siglo XVIII, período que Conde considera fundamental para entender la Galicia actual. El escritor subrayó la "deuda histórica" de Galicia con Ibáñez, impulsor de la mítica fábrica de Sargadelos, un referente cultural de la comunidad.
“"Ser ilustrado en este país es un deporte de alto riesgo."
Finalmente, la hemeroteca también recoge otros acontecimientos de Ourense en diferentes años. En 1926, se destacaba la entrega de "cintas artísticas" a ciclistas por parte de señoritas ourensanas. En 1951, se iniciaba la expedición del Documento Nacional de Identidad en la ciudad, obligatorio para jóvenes de entre 19 y 25 años. Ya en 2001, el casco histórico de Ourense comenzaba a limitar el acceso de vehículos, una medida que generó dudas entre vecinos y comerciantes.




