Ourense: Éxodo a la periferia y parálisis en la construcción

La ciudad apenas crece demográficamente mientras la falta de suelo y vivienda expulsa a vecinos a los municipios colindantes.

Imagen genérica de una ciudad gallega con arquitectura de granito rodeada de zonas verdes.
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Imagen genérica de una ciudad gallega con arquitectura de granito rodeada de zonas verdes.

Ourense experimenta un crecimiento demográfico mínimo en las últimas cuatro décadas, mientras la escasez de suelo y vivienda provoca un éxodo hacia su corona metropolitana y paraliza la edificación.

La evolución demográfica de Ourense en las últimas cuatro décadas refleja su estancamiento urbanístico. Entre 1986 y 2026, la ciudad sumó apenas 6.370 vecinos, un incremento del 6,3% que sitúa el padrón municipal en poco más de 106.500 habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Esta cifra evidencia un notable retraso en comparación con otras ciudades gallegas como Lugo (+34%), Pontevedra (+25%) y Santiago (+18%).
La diferencia con las urbes de Vigo y A Coruña es aún más pronunciada. Vigo creció un 12,9% y ganó casi 34.000 residentes, mientras que A Coruña, con un crecimiento porcentual similar al de Ourense (+6%), sumó 14.406 habitantes, más del doble que la ciudad de As Burgas en términos absolutos.
Las dificultades para desarrollar suelo y construir vivienda en la ciudad han llevado a una parte significativa de la población a trasladarse a los municipios vecinos. Barbadás ha sido el principal beneficiario de este movimiento, con un crecimiento del 167,5% y un aumento de residentes que supera al de la propia capital ourensana en este periodo. San Cibrao das Viñas también experimentó un fuerte incremento del 61,8%. Ambos concellos absorbieron la demanda residencial que Ourense no pudo satisfacer debido a los continuos obstáculos en su planeamiento urbanístico.
Este trasvase de población ha coincidido con una drástica reducción de la edificación en la ciudad. Mientras que entre 2001 y 2010 se construyeron 14.527 viviendas, tras la anulación del plan urbanístico, la producción cayó un 84,5% entre 2011 y 2020, con solo 2.245 inmuebles nuevos. Esto ha resultado en un parque residencial envejecido, donde casi el 64% de los pisos son anteriores a 1991. La falta de suelo disponible para nuevas construcciones también se refleja en las licencias de obra: en el año 2000 se otorgaron 136 de nueva planta frente a 78 de rehabilitación, mientras que en 2025 se concedieron 90 para reformar y solo 15 de nueva construcción.