La conversación sobre el tiempo se convierte en una constante, reflejando la preocupación por el clima. Estudios señalan la riqueza del gallego en términos para describir la lluvia, mientras que los datos científicos confirman una tendencia al calentamiento global. Los últimos cuatro años han sido los más cálidos registrados en España desde 1961, con imágenes de incendios forestales incluso en el Ártico.
El clima, al igual que la política, parece radicalizarse y polarizarse. En Galicia, se producen alteraciones temporales notables, como nevadas fuera de temporada o calores estivales en junio, afectando los ciclos naturales de animales y plantas.
Esta misma semana, los termómetros en Ourense alcanzaron los 39,6 grados, con una previsión de superar los 41 grados con la llegada de la primera ola de calor. Trabajar e incluso descansar en la ciudad se convierte en un desafío, especialmente en una urbe que, según un informe de la Universidad Politécnica, carece de zonas verdes accesibles para casi el 80% de sus 81.000 habitantes.
Esta situación contrasta con el debate sobre la posibilidad de organizar una macrofiesta de San Xoán en el Xardín de As Burgas, que finalmente se trasladó al Campo de Feira. La provincia, además, se enfrenta a un riesgo elevado de incendios forestales debido a la acumulación de maleza y al calor.
¿Nos tomamos en serio los efectos del tiempo?
La cuestión fundamental es si la sociedad está asumiendo con seriedad las consecuencias del cambio climático y su manifestación a través de fenómenos meteorológicos extremos.




