Otero Pedrayo: La huella del Patriarca de las Letras Gallegas en el paisaje de Galicia

La memoria de Ramón Otero Pedrayo pervive en más de sesenta vías públicas, centros educativos y monumentos por toda la geografía gallega.

Escultura de Ramón Otero Pedrayo en Ourense, con la mano alzada en actitud de orador.
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Escultura de Ramón Otero Pedrayo en Ourense, con la mano alzada en actitud de orador.

La influencia de Ramón Otero Pedrayo, figura central de la Xeración Nós y Patriarca de las Letras Gallegas, trasciende los libros para convertirse en parte del paisaje urbano y cultural de Galicia, especialmente en el Año Oteriano.

La obra y el legado de Ramón Otero Pedrayo (1888-1976), uno de los intelectuales más destacados de Galicia, continúan presentes en el día a día de la comunidad. Este año, en el cincuenta aniversario de su fallecimiento, se celebra el Año Oteriano, un homenaje que subraya su profunda conexión con la tierra gallega, reflejada en su literatura y en su faceta de geógrafo.
La presencia de Otero Pedrayo en la toponimia gallega no es casualidad. Es fruto de un esfuerzo colectivo, iniciado en la Transición democrática, para honrar a quienes construyeron la identidad contemporánea de Galicia. El escritor, que fue también político y ensayista, cartografió la “geografía espiritual” del país, y hoy es el propio país el que cartografía su memoria, dedicándole más de sesenta vías públicas y varios centros educativos.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Nomenclátor de Galicia, existen 63 vías públicas (avenidas, calles, plazas, travesías y caminos) nombradas en su honor, distribuidas en más de cincuenta ayuntamientos. La provincia de Ourense, su lugar de nacimiento, concentra el mayor número con 24 registros oficiales. En la capital ourensana, la avenida de Otero Pedrayo es una arteria principal que da acceso al Campus Universitario, simbolizando su faceta de maestro.
Fuera de Ourense, su huella es igualmente significativa. En la provincia de A Coruña se registran 17 vías, destacando la calle compostelana en San Caetano, cerca de los edificios administrativos de la Xunta. Santiago de Compostela fue crucial en su vida, donde ejerció como catedrático de Geografía en la Universidad de Santiago. En Pontevedra (15 vías), ciudades como Vigo y la capital provincial también le dedicaron calles. En la provincia de Lugo, con 7 vías, su rastro se encuentra en la capital y en villas como Vilalba o Monforte de Lemos.

Otero Pedrayo surgió como la alternativa perfecta: un galleguista histórico, católico, conservador en sus costumbres pero profundamente progresista en su defensa de Galicia. Una figura capaz de poner de acuerdo a concejales de cualquier espectro ideológico.

El nombramiento de estas calles refleja un consenso político excepcional. En las décadas de los 80 y 90, cuando se eliminaban los nombres vinculados al franquismo, Otero Pedrayo emergió como una figura que unía a diferentes ideologías. Además de las calles, el sector educativo gallego también lo honra con fuerza. El IES Otero Pedrayo de Ourense, donde fue alumno, profesor y director, es el buque insignia de este reconocimiento, custodiando un Museo Pedagógico y manteniendo viva su memoria.
La red educativa se extiende con otro instituto en A Coruña y varios CEIP en localidades como Amoeiro, O Barco de Valdeorras, A Laracha, Rábade y Vigo, asegurando que los niños gallegos crezcan familiarizados con su nombre. Más allá de los espacios de tránsito, las estatuas y lugares de memoria invitan a la reflexión. En el Casco Vello de Ourense, la escultura de Manuel García de Buciños retrata a un Otero Pedrayo en actitud de orador, con la mano alzada.
El Pazo de Trasalba en Amoeiro, hoy gestionado por la Fundación Otero Pedrayo, es considerado el “Sancta Sanctorum” del universo oteriano, un lugar clave para conocer su vida y obra. También es relevante el edificio de la calle de la Paz en Ourense, donde nació. Finalmente, su sepultura en el cementerio monumental de San Francisco, en Ourense, declarada espacio de interés cultural, es un lugar de homenaje y ofrendas, conformando un panteón improvisado de la cultura gallega.