A través del Programa Universitario de Mayores (PUM), estudiantes como una mujer de 64 años y un hombre de 72 ejemplifican que la curiosidad y el deseo de aprender no tienen fecha de caducidad. Para muchos, esta decisión surge de la necesidad de reinventar su rutina después de décadas de vida laboral.
“"Para mí lo más importante de esta experiencia es aprender y socializar."
Uno de los participantes, que ya había pasado por la universidad en su juventud, encontró en el programa una "puerta inmensa" para revivir ese ambiente académico. Asumió el reto con determinación, proponiéndose obtener el título en cuatro años, objetivo que está a punto de cumplir.
Además de los conocimientos adquiridos, los estudiantes consideran que la vida académica es un antídoto eficaz contra la soledad y una herramienta vital para combatir los prejuicios asociados a la edad. Uno de los alumnos destaca cómo esta experiencia "rompe en algo el edadismo" y ayuda a mantener una actitud abierta ante la vida.
“"A medida que envejecemos tendemos a convertirnos en personas más desconfiadas, nos cuesta más abrirnos, venir aquí rompe un poco eso."
La convivencia intergeneracional es otro de los pilares enriquecedores del programa. Los alumnos del PUM combinan materias específicas para ellos con clases de grado junto a estudiantes más jóvenes. Una de las participantes valora especialmente la colaboración con alumnas de Trabajo Social, con las que realizó un proyecto "muy enriquecedor" en un centro penitenciario. La implicación de estos alumnos es tal que ya proponen nuevas metas, como la posibilidad de extender el programa Erasmus a personas adultas.




